Capriles, Maduro y la política del pan y circo


Hubo un momento, tras las elecciones de 2012, en las que Chávez le ganó a Capriles, en los que éste último decidió caer en el juego grosero del gobierno. Así, en la campaña de las elecciones en contra de Maduro en 2013, no pocas fueron las groserías y los insultos del candidato opositor. En un vídeo reciente, el candidato aparece haciendo un gesto emulando al acto sexual celebrando la victoria.

Lo bueno, lo malo y lo feo de estas elecciones.



Con el 74,25% de participación, por primera vez, la oposición es mayoría en la Asamblea Nacional, con 99 curules contra 46 y al momento de escribir esto, 22 curules por adjudicar.

El chavismo hizo la campaña electoral más sucia de su Historia, incurriendo en delitos electorales como abuso de poder y partidismo en los medios. Usó recursos del Estado para regalar electrodomésticos y toda su campaña, en vez de centrarse en sus propuestas, buscó el chantaje emocional, recordando que el voto era para Chávez, el difunto ex-Presidente y fundador del PSUV. El gobierno llegó a las elecciones agotado, dirigiendo a un país quebrado económicamente, plagado de delitos, titulare de narcotráfico y un discurso violento y errático.

Elecciones parlamentarias 2015

(imagen de Jean Jullien)

Hoy son las elecciones parlamentarias más importantes de la Historia del país. Serán determinantes para acabar o no con la usurpación de poderes que viven las instituciones en la era chavista.
En las elecciones presidenciales, sólo he votado una vez. No estuve de acuerdo con Capriles pero estoy de acuerdo con votar en estas elecciones porque me parecen mucho más importantes y concretas. Sobre todo, menos emocionales.

La sociedad de los cómplices




En estos días se está celebrando el Suena Caracas, un festival de música organizado por el gobierno que tiene un costo de 26,6 millones de dólares, el presupuesto anual de tres universidades. El festival trae a grandes músicos de América Latina y algunos venezolanos con dinero público. Un evento institucional, sin nada que objetar, si viviéramos en una sociedad democrática y económicamente estable y, sobre todo, si no estuviéramos a dos semanas de las elecciones parlamentarias.

El narcisismo colectivo de un país llamado Venezuela



El pasado viernes 13 de noviembre, el ISIS perpetró un ataque colectivo en París, dejando más de 130 muertos y el terror en las calles, llevando al Presidente Hollande a cerrar las fronteras y poner en marcha el estado de emergencia.

Lo ocurrido es un ataque al corazón del occidente. Un mensaje claro de lo que luego escribiría el ISIS en las redes "Vivirán en el terror".

Europa entera se solidarizó con Francia y también Estados Unidos. Algunos lo hicieron con el uso de las redes sociales, otros en un modo más oficial.

Al poco tiempo, apareció el argumento de parte de varios venezolanos que "en Caracas matan a ese número de personas cada día. ¿Por qué no lloran por nosotros". La cosa que más me impresionó es que ese pensamiento no fue compartido sólo por el chavismo que, con su discurso anti-imperialista de odio, podría hasta tener sentido. Pero no, una gran parte de opositores, muchachos jóvenes que han ido a la universidad, jóvenes que viven afuera del país, todo tipo de clase media alta acomodada, también se hizo eco de este pensamiento aberrante.

Julio Coco, activista político venezolano




Tras más de cincuenta días de los eventos ocurridos, siguen sin condena muchos de quienes violaron derechos humanos, ha habido un polémico diálogo entre la oposición y el gobierno y el país profundiza la crisis económica con el Sicad II. Venezuela vive una crisis social, económica y política muy grave. Mi interés en esta entrevista no es buscar culpables sino encontrar propuestas.

El diálogo de ayer analizado con Matrix.

(imagen de @NTN24ve )

Viendo el final de Matrix, muchos radicales podrían asegurar que las acciones emprendidas por Neo no valieron la pena pues, al final, lo único que le pide al líder de las máquinas es paz. Los entiendo perfectamente. Yo también sentí que íbamos a presenciar la pelea final, la gesta libertaria que destruiría al autoritarismo de las máquinas que han violado los derechos humanos, utilizándolos como baterías, que han traicionado e irrespetado muchas veces las reglas del juego. Lo veía así hasta que me di cuenta de que Matrix no era una historia de ciencia-ficción, sino una tesis social de lo que se ha repetido de manera irrepetible a lo largo de nuestra Historia.

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