Exilios #11


(Ilustración de Sara Fratini)


El tiempo, así no sea demasiado, me ajena cada vez más a los lugares que fueron míos, a las conversaciones con los buenos amigos. Quizás se trate de no compartir la misma rutina ni sufrir los mismos dolores. Porque tampoco nos alegramos por lo que se alegran los que se quedaron. Nuestro sufrimiento y nuestra felicidad ahora vienen de otras cosas, de una nueva vida que aquí hacemos, como extranjeros, claro. Mamá dice que prefiere un infierno que ella conoce a tener que aguantar el de otro. Yo pienso ahora que prefiero extrañar mi casa toda la vida a volver para sentirme un extranjero en ella. Este dolor punzante y melancólico que me pasa por no estar en mi país es mucho más soportable que volver para encontrarme que ya no soy parte de allí, que mis pulmones ya no sienten ese aire como el suyo, que mis manos, si mis ojos se ciegan, no encuentren ubicación en lo que antes habían construido.
No quiero volver ni siquiera de visita porque tengo miedo que se me destroce el corazón y que Caracas y yo quedemos, terriblemente, como dos extraños.

Giulio Vita

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