Democracia venezolana.



Los venezolanos votamos por cualquier cosa. No sólo por la elección de alcaldes, gobernadores, presidentes o diputados de la Asamblea Nacional. El sufragio en mi país se extiende a reformas de la Constitución, contrarreformas, habilitación de leyes especiales y vaya usted a saber qué más. Aquellos que cumplieron la mayoría de edad durante el gobierno chavista, se inscribieron en el Consejo Nacional Electoral sin saber que no se estaban apuntando al derecho universal de cada ciudadano sino más bien estaban dejando su ficha en el nuevo deporte nacional. Esto se descubre luego, cuando la emoción de votar por primera vez se pierde ese mismo año, cuando se es convocado nuevamente a cualquier tipo de debate irresoluto que convoca al voto como arma necesaria.


En Venezuela no se vive, como muchos piensan gracias a la maquinaria mediática del gobierno, en una democracia. Tenemos la ilusión de la democracia, que no es lo mismo. Nos hacen votar por cualquier cosa para que los entes internacionales y los ignorantes nacionales queden satisfechos, tragándose el cuento de que el poder reside en el pueblo, en esas manos que votan "para dirigir el destino de su propio país". Ese es uno de los grandes problemas de la democracia: que si el gobierno de turno es inteligente y el pueblo es inculto, puede instalarse fácilmente una especie de dictadura mediática y controlada, sin golpes de estado ni de estadísticas, creando una especie de sociedad embobada y satisfecha a pesar de los apesares.

Para hacer entender mejor esto, explicaré lo que ocurrió en el año 2007, cuando Hugo Chávez, Presidente elegido democráticamente, decidió reformar la Constitución, proponiendo cosas anticonstitucionales. Antes que nada, hay que hacer entender que la constitución venezolana es impenetrable en cuanto a lo escrito, porque creía que la Asamblea iba a proteger todo lo firmado con tinta. Ciertas cosas, como la reelección indefinida o la pena de muerte, no se pueden siquiera proponer a la Reforma. Sin embargo, Chávez propuso algunas, sin hacer caso lo que decía el papel. Algunos pocos cuerdos declararon de ilegítima esa llamada al voto. Sin embargo, la mayoría decidió que lo mejor era la vía democrática, que lo mejor era aplicar ese derecho al voto que tan bueno es para todos y como tontos corderos fueron a las urnas a depositar su opinión. Gran impresión para mí, para el Presidente, para la oposición y para el gobierno, cuando resultó una mayoría que rechazaba esa Reforma. Yo me emborraché con ron y lloré toda la noche, creyéndome el cuento de la democracia, que un mejor país era posible, que el derecho al voto por fin sí valía la pena, que no existía el fraude electoral y qué importaban esos idiotas que seguían diciendo que había sido un llamado al voto ilegítimo. Me emocioné tanto como Chávez se molestó. Me emocioné cuando el Gran Presidente salió en televisión directa, harto y temblando de rabia, para catalogar de "victoria de mierda" nuestro pequeño paso hacia la libertad. Fue un gran momento en la historia del chavismo, casi tan bueno como cuando, en mayo de ese mismo año, los estudiantes nos levantamos, sin ningún llamado del Imperio Yanqui ni ningún interés político, contra el Gobierno y en favor de la libertad de expresión, nuestra querida consentida.

La alegría, como siempre, nos duró muy poco y la burla de la democracia llegó de la boca del mismo Presidente. Al año siguiente anunció que habría una nueva votación, cambiando palabritas, comas y puntos, pero en esencia era lo mismo. Los estudiantes protestamos, al igual que muchos dirigentes no chavistas y algunos chavistas de alto mando que ahora, obviamente, están presos. Inteligentemente, la maquinaria chavista, controlando la Asamblea Nacional, aprobó en menos de un año un nuevo modelo de Reforma de Constitución y todo el dinero de nuestros petrodólares en vez de resolver los problemas del hambre, de la salud pública o de la educación, fue invertido en una campaña propagandística jamás antes vista. El gobierno se codeó con los mejores publicistas, al punto que hasta los que habíamos votado antes en contra, nos parecía simpática la propuesta presidencial. Obviamente, esta vez no se le escaparía nada al Ejecutivo y a principios de 2009 Chávez ganaba con una impresionante mayoría de votos, lo que lo haría poder reelegirse. Por supuesto que todo esto fue controlando cada sector del país, buscando votos hasta de los indígenas, tan ajenos a nuestra sociedad ridícula, cedulando a emigrantes de Trinidad y Tobago y Haití de forma inmediata (muchos ni sabían hablar español en las mesas de votación). Todo para que el Gran Dictador estuviera contento y el pueblo, sobre todo el pueblo, sintiera que era obra suya y no de Chávez, sino que el pueblo había decidido, porque ahora Venezuela es de Todos, todos elegimos ahora, no como antes. Entonces sí, según la aplicación de la democracia, elegimos que el Presidente se queda para toda la vida, tal como hicieron los cubanos, elegimos la delincuencia, elegimos la salud precaria, elegimos la anticonstitucionalidad.

La democracia, en América Latina, se ha vuelto un instrumento de legalización de lo ilegítimo, una simple fachada de un problema mucho mayor. El gran titiritero que es nuestro Presidente sabe jugar muy bien con sus juguetes y nosotros, tontos opositores o chavistas, seguimos creyendo que existe un Estado de Derecho y un voto no manipulado.

No basta con que todos podamos tener acceso al voto. Hay parámetros que cumplir. Sería cruel poner a las vacas a votar si quieren o no ir al matadero. Es una pregunta injusta y de salir vencedora, es nuestro deber ciudadano sospechar. La democracia es muy débil porque es genial: necesita educación, bienestar, iguales condiciones sociales y el descontento engaña, al igual que el patriotismo y el populismo. La democracia necesita, sobre todo, un país cuyas instituciones sean impenetrables y sean imparciales, para que ningún gobierno de turno pueda contaminarlas ni usarlas a su antojo, como hoy en día hace Chávez con todos los Poderes del Estado, los cuales más bien parecen sus secretarias personales, que anotan y cumplen todo lo que dice en su programa dominguero Aló Presidente.

El peligro de este gobierno es que es más inteligente de lo que nuestro ego de intelectualoides instruidos nos permite creer y este plan de Control encubierto es casi perfecto y se propaga por todo el hemisferio, dando al mundo la opinión de que por fin la historia ha traído una Revolución justa y de buenos ideales que está vitalizándonos, cuando la verdad es la cruel, la de siempre: esto no es más que una dictadura más con ideales expansionistas, pero más inteligente gracias a su poder mediático, más terrible gracias a su capacidad de convencimiento, más poderosa gracias a lo atrofiado de su pueblo.

Giulio Vita

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