Cambur pintón al Gabba gabba hey!


La primera vez que escuché a La Vida Bohéme fue hace un par de años ya y por culpa de un amigo. No lograba entender cómo a la gente podía gustarle un sonido sin sentido, esos golpes de guitarra sin melodía y esa voz horrenda.
Luego me enteré que la banda la formaban unos amigos míos y la cosa me sorprendió. Así es nuestro pueblo caraqueño.


En menos de veinte meses han hecho un progreso magníficamente bestial. Descargué el disco entero que además de ofrecer doce canciones maravillosamente producidas, incluye fotos y extras de la banda con un manifiesto que hace recordar mucho Steal this book! de Abbie Hoffman. Se definen a sí mismos como Post-Punk pero a mí me gusta pensarlos –seguramente por culpa de mi piel de lagartija- como la tropicalización del punk. Tienen toda la energía de los Joy Division con el sabor bailable del Caribe y la poesía americana del trópico. La voz del cantante ha tomado forma y personalidad, gritando himnos de juventud caraqueña que vive en un cambio político y social importante. Son parte de la gran respuesta músico-cultural que se espera en los gobiernos tiránicos.

Seguramente nosotros, el público de Caracas, seguiremos escépticos por mucho tiempo pero bandas como ésta nos brindan la energía suficiente de vivir un concierto de rock de verdad y no un “toque”. No he podido verlos en vivo por culpa del exilio pero el trompetista del reinado, Pepe Gales, me contó cómo llenaron de pintura y emoción un lugar mínimo, transmitiendo la energía de todos los grandes rockeros del mundo en nuestra pequeña ciudad de América Latina, llenándonos las venas de sonidos eléctricos y adrenalina. Además, en el equipo adjuntaron a Basil Faucher, uno de los fotógrafos venezolanos más jóvenes y talentosos en la escena actual, con quien hicieron una exposición increíble y arriesgada, al mejor estilo barroco e irreverente, haciendo claras referencias a Sentimiento Muerto, una de nuestras pocas bandas que pasaron a la historia de un bonito modo.

Eso es lo que amo de ellos, esto que me hacen sentir. Esta rebeldía que se escucha en esos discos de música anglosajona del siglo pasado, este converger de las artes y de nuestra ciudad, eso de que logren hacernos sentir orgullosos de dónde venimos cuando mostramos la música que se está cocinando en nuestro mundito. Pero ojo, que no se me malinterprete: eso del talento nacional me da bastante asco. Sólo que ellos no intentan gustar por venezolanos. Sólo usan su cultura para hacer lo que les parece que está bien y la respuesta es que no sólo está bien sino que está increíble.

Me gusta pensar en la historia de Venezuela con un retraso de medio siglo en todo sentido: tecnológico, democrático, cultural y etc. La Vida Bohéme es el eco de las bandas de los años setenta y no me extrañaría que existiese un Woodstock criollo en contra de nuestro personal Vietnam: la guerra interna de la delincuencia y el chavismo. Me gusta pensar que los folks venezolanos –y aquí me incluyo- somos los herederos de una ola que se inició por Bob Dylan y seguirá a nuestro modo, con nuestro estilo, con nuestro sabor. Así lo están haciendo estos punkies tropicales, al igual que por nuestra parte, los folks, lo hacen Domingoenllamas y Al cruzar la calle y Ulises Hadjis y Jan Powel o el mismísimo Pepe Gales y etcéteras de etcéteras.
Para concluir, Venezuela sí está viviendo un cambio y se empieza a ver no tanto por las marchas de siempre ni las de ahora, ni por las elecciones ni por las encuestas, ni por las chavilocuras ni las estupidez opositora. El cambio se está viendo en los movimientos culturales que están cambiando el paradigma de nuestra sociedad. No soy un optimista, eso sí, pero tampoco soy un ciego ni un sordo que no se percata de lo que está ocurriendo en el país mientras la tierra tiembla.

Dejo aquí el link donde podrán descargar el álbum entero: 
http://www.wearealloftheabove.com/
Difúndanlo y únanse a esta resistencia armada de cultura contra todas las tiranías y la ignorancia del mundo.

Giulio Vita
@elreytuqueque

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