El Occidente sobre Libia.




La guerra es siempre una odiosa decisión, sin justificación. La más utilizada, sin embargo, la de "un mal necesario" ha encontrado millones de demócratas a lo largo de la historia.

La maquinaria de la guerra es tan avanzada que, a través del mass media nos hacer quererla y olvidar los crímenes que cometen los ganadores, nuestros "buenos".

Actualmente, el Hombre Occidental ha decidido imponer su decisión del mundo en los países árabes, transformando este neocolonialismo en los telediarios como "conflictos" e "insurecciones populares", consguiendo el concepto de "los malos" en los dictadores de turno, quienes, entre otras cosas, llevan ocupando el poder desde hace tanto tiempo que convendría preguntarnos por qué justamente ahora se ha decidio apoyar un movimiento en su contra, sin atentar contra la inteligencia declarando que sólo ahora ha habido gente contraria al régimen.


Todo recuerda lo ocurrido en Irak entre los occidentales y Hussein.
Lo que más me impresionó es la cantidad de ramificaciones que tiene esta propaganda, aprovechando todos los medios, hasta aquellos contrarios al sistema.

Yo mismo llegué a sentir simpatía en un primer momento por los rebeldes y por esta Nueva Libia Libre, y fue gracias a la suerte que tuve de haber podido enseñar italiano a los refugiados de Centro África que pude ver más allá de "los buenos contra los malos" y me doy cuenta de que hay demasiada maldad y mentira como para poder reparar las cosas.

Lo que me alegra es la seguridad de que esta forma en la que está girando el mundo no es, de ninguna manera, un estado biológico sino más bien un movimiento cultural: vivimos actualmente en la victoria de un modelo occidental, nacido en la industrialización y madurado tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, para hacerse adulto y coger fuerzas tral la Caída del Muro de Berlín.

Es un plan tan maquiavélico que hasta aquellos militantes con las mejores intenciones se confunden y viven en la oscuridad de la información por la misma información.

No es casual que el Che se venda en camisetas que los comunistoides felices adquieren, al igual que no es casual que Obama gane el Nobel de La Paz en tiempos de guerra.

Todos mis estudiantes son refugiados que vivieron en Libia una vida digna y plena gracias a las políticas de inclusión de Gadafi. Los rebeldes libios, meses atrás, amenazaban con echar a todos los negros de la Nueva Libia tras la victoria de la revolución, y, mientras se les transforma en un símbolo de liberación, asesinan a los negros que se cruzan en su camino y sin piedad alguna. Pero claro, la historia sólo recordará los crímenes de la dictadura (que existieron y debemos condenarlos) porque las democracias son el sistema occidental por excelencia y no conviene cambiarlo.

La Unión Europea desembolsilló una buena cantidad de millones para la construcción de esta nueva democracia nacida tras una guerra sangrienta, y a esta cifra (la cual no quiero conocer exactamente por vergüenza ajena) debemos sumar las del armamento de cada país que intervino.

Todo esto en menos de un año, toda esta cantidad de dinero y en medio de una de las mayores crisis financieras a nivel mundial. ¿Por qué? Porque una pequeña revuelta, iniciada entre las redes sociales, sacudió Libia. Esta pequeña chispa es la que el Hombre Occidental siempre busca para intervenir y manipular.
Seguramente había descontento en el Reino Gadafiano, donde no existía la libertad de expresión y la población vivía a designios y caprichos de un megalómano.

Ahora me pregunto: ¿no existen descontento y chispas más grandes en los países centroafricanos tales que la gente tenía que emigrar a la dictadura libia? ¿Por qué no se consigue todo ese dinero para salvar las masacres en Nigeria? ¿Por qué no intervenir la hambruna en Ciad, en Niger, en Etiopía, en Guinea? ¿Por qué a nadie le interesa construir allí democracias occidentales pese a que hay descontento, crímenes de lesa humanidad y también megalómanos?

Por otro lado, ¿dónde coño consiguen las armas las dictaduras?
No seamos racistas: no nos pensemos que nosotros, el Occidente, estamos "ayudando a esa pobre gente" ni tampoco, como hacen los izquierdistas, creamos que es el Occidente el único criminal. Los Hombres son buenos y malos, y África está hecha por Hombres. Lo mismo que hay dictaduras buenas y democracias malas. No creo que Berlusconi sea menos dictador que Gadafi, por ejemplo. Sólo que uno manda en una dictadura abiertamente y otro en una supuesta democracia.

No apruebo un mal menor por un mal mayor. Por eso no estoy a favor de los dictadores africanos al igual que no lo estoy de los demócratas europeos y americanos. Me niego a aprobarlo porque es éste el pensamiento que le hace pensar a un muchacho de veinte años que volar la cabeza de un árabe está bien para evitar que esa cabeza mate a millones de inocentes.

Se ha utilizado este concepto, maquillando la historia, como ahora con los rebeldes, porque el sistema sabe que, así sea inconscientemente, nos preguntaremos ¿y cuál es el mal mayor?
Así todos los jóvenes occidentales, bien acomodados, creemos que la revolución libia actual es el mal menor.

Lo interesante es que los de derecha justificarán la guerra como un beneficio para sus países, crudos y sinceros, mientras que la izquierda (a la cual me siento más adepto) creerán que el mal menos es éste porque ahora prevalecerá la libertad en todas sus formas.

Sea por show o convicción, el presidente de mi país, ha sido el único en todo el globo en declararse contrario a esta victoria.
Este carácter revolucionario y contestatario es lo que me causa simpatía en Chávez.

Crecí durante su gobierno, soy un hijo del chavismo, y puedo asegurar con propiedad que la corrupción y la violencia han dañado y envilecido mi patria a lo largo de estos años.

Pero, como en todo, nada es absoluto y yo sí considero que en Venezuela, en América Latina, necesitábamos a alquien como él para darnos cuenta del error hacia donde estábamos dirigiéndonos y, por lo menos en su discurso, dignificarnos.

De haber aplicado su plan de gobierno, dejado el resentimiento y actuado fiel a su discurso con más astucia, hoy seríamos una potencia, sin duda alguna.

Me encantaría que el chiste de Mr. Danger fuera cierto y mi presidente tuviese la destreza d eno vender petróleo a Estados Unidos o hacerlo al precio que quiera, y así pueda ayudar al Mercosur sin sacrificar a su propio pueblo.

Me gustaría que los niños de mi país no tengan la elección de delincuentes y que los barrios desaparezcan, reubicando en urbanizaciones dignas a la gente.
Lo que me entristece es que todas las esperanzas que se le dieron, fueron y son utilizadas para desarrollar delirio de poder y no para motivar un cambio.

Mas en mi país, jodido o no, hay un gran sentimiento por las propias raíces y lo que somos, estamos (no tanto) lejos de la influencia del Hombre Occidental, lo cual es una arma de doble filo, si no sabemos cómo hacerle frente a ello, claro.

Giulio Vita

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