Libia Libre.




La ciudad de Trípoli ha sido por fin conquistada por las fuerzas rebeldes. El dictador ha desaparecido, quizás hacia el sur de Libia, en Tchad, o a Venezuela, quién sabe.

Aunque lo realmente importante es lo que ocurrirá en esta Nueva Libia, levantada en el crimen. Me pregunto si podrá mantener el estatus de vida que había en el país petrolero durante Gadafi; si el odio de estos rebeldes, cosechado por los años de la represión, no causará nuevas víctimas, como aquellos negros que habían emigrado para trabajar desde los países centroafricanos, gracias a las políticas de inmigración favorables que había promovido la dictadura, los cuales ahora son agredidos y perseguidos debido a su simpatía por el gobierno que los aceptó (mas no por su ideología).


Sunny, por su parte, llegó a Italia en un barco en pésimas condiciones. Había ido desde Nigeria a trabajar en Libia porque su tribu quería asesinarlo. Consiguió trabajo en Libia gracias a la política favorable para los centroafricanos que había y empezó a hacer dinero, modestamente, trabajando duro. Consiguió una mujer y la embarazó. Vivieron juntos hasta que explotó la guerra. Los rebeldes, mientras ella volvía del mercado, la asesinaron por ser partidaria de Gadafi, porque todos los negros son partidarios del dictador. Sunny tuvo que irse sin haber decidido nunca su destino pero la suya es otra y más extensa historia.

No se me malinterprete: estoy contento, desde las primeras noticias de febrero, que esta insurrección haya triunfado, pero me vino la duda de si la democracia realmente valga la pena, valga esas vidas inocentes. Me pregunto, viendo las actuales democracias, si podrán sostener económicamente la situación y si realmente vivirán en libertad, sobre todo por dos cosas: primero porque el Hombre Occidental ayudó a liberarla y seguro querrá algo a cambio de este paraíso petrolero, y segundo porque no conozco, en esta época de crisis, una democracia que haga del individuo un ser realmente libre.

Giulio Vita

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