La distancia del siglo XXI

Entre tanta red social, hoy en día es difícil tener la sensación de lejanía como imagino tuvieron mis padres y abuelos. Soy de una familia de emigrantes, y en nuestra historia tenemos miles de cartas que atravesaron el mar, llamadas que duraban algunos minutos cuando lograban comunicar y nostalgias que nos revolvieron la crianza.

Yo, como buen miembro de esta familia, también me he convertido en un emigrante, por razones diferentes o quizás en el fondo no tanto.


Es mi tercer año en España y no he vuelto a Caracas desde que me fui. Al principio fue extraño, pero cuando salí de la anestesia del miedo, comencé a repudiar cosas, a negarlo todo para protegerme. Para mí es diferente la relación con la gente del otro lado del charco que la que tuvo mi madre o mi abuelo, porque de cierta manera, Internet nos hace estar más cerca. Por ejemplo: hablo con mi primo cada dos días, como mínimo y todos los días puedo ver sus tweets; con mamá me escribo todas las semanas por email, chateamos casi siempre y de vez en cuando nos llamamos por Skype; mis abuelos me llaman desde Italia a mi móvil cuando quieren. Sé todo lo que está ocurriendo en el país, por las noticias, el Facebook de la gente, los videos en Youtube y etc. Hay una relación mucho más directa y menos dramática que la que había antes con alguien que abandonaba su tierra.

En parte, eso es bueno, pero tiene otra cara, que el hecho de que todo sea a medias, hace que tampoco termine extrañando nada completamente ni necesitando tanto, que al fin y al cabo mis raíces están menos arraigadas en Venezuela, Italia o España de lo que estuvieron las de mis antepasados, porque antes había una necesidad de no olvidar lo que habían dejado, de dejar una firma en el lugar que los había recibido. Estos tiempos modernos, maravillosos y llenos de vértigo, no nos permiten ese sentimiento, el de pertenecer irremediablemente. Dentro de mí está la necesidad de pertenecer pero estoy atado a hilos tan finos de todos lados y es tan fácil volver virtualmente a mis lugares nostalgia que me es difícil quererlos de vuelta realmente. Es una especie de droga fácil, un letargo extraño donde nostalgiar no es un compromiso sino un pasatiempo bobo.

Giulio Vita
@elreytuqueque

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