De las cosas que he decidido.

El día que el 15-M cumplía un año desde la primera aparición de indignados en las plazas españolas, fui despedido de un trabajo en el que llevaba cinco meses trabajando sin contrato de ningún tipo, porque "un amigo de mi jefe necesitaba trabajo y él prefería tener a su amigo que a un desconocido" (esto fue lo que me dijeron).


Lo normal habría sido que me fuera a la plaza, a celebrar la indignación por este tipo de injusticias tan viles, pero no lo hice. Me deprimí y busqué formas para denunciar la situación, y me di cuenta de lo difícil que lo tenemos los trabajadores en un país donde las garantías sociales que se habían ganado hace años, han sido eliminadas y apoyadas por gente que nunca ha estado en la situación de trabajador, por políticos que fueron de la universidad al gabinete, sin pasar por ninguna empresa, sin realmente ganarse por sí mismos nada; dictando leyes que a ellos les suenan justas porque no las perciben.


Me gusta mucho el movimiento de los indignados, me gusta que los españoles sigan defendiendo a su tan deteriorada democracia, pero por otro lado he perdido la fascinación por la revolución, he perdido la esperanza de un cambio real, tanto en España como en Venezuela. Puede que se trate solamente de pesimismo o de estar harto de comer mierda por tan poco. Porque sí, estoy harto de emigrar, de no sentirme seguro (bien sea por la violencia venezolana o la falta de trabajo aquí). 


Y a su vez estoy asqueado, asqueado de los anaqueles, del cartel en la parada de autobús, de los anuncios en la televisión, que nos hablan de solidez bancaria, de jóvenes bellos y ricos, que se burlan de nuestra miseria y nos tientan a buscar ese "éxito" allá afuera, de soñar con ser estrellas de reality show; asqueado de que no promueva la literatura y sin embargo la autobiografía de algún imbécil que se hizo famoso por el hecho de ser famoso (en ese extraño círculo vicioso del espectáculo), se vende como pan caliente.


Tengo falta de fe por lo que veo a mi alrededor. Sé demasiado y eso es un asco, porque el misterio ayuda a darle sabor a la vida, a ver las cosas con expectativa.Siempre que me ha ocurrido esto con mis trabajos artísticos, intento seguir adelante y casi siempre tengo a alguien que me ayuda a hacerlo. Con el tema de la vida política en sí misma, es más difícil, porque las sociedades parecen cada vez más apáticas a la igualdad, por lo menos los que mandan en ellas. Así que he decidido hacer lo que me hace feliz, por lo menos hasta quedarme sin fondos para hacerlo. Quiero cantar, no para ser famoso, sino porque siento algo en la barriga cuando estoy entre un público que escucha canciones que compuse, y es una sensación por la que vale la pena estar vivo; quiero escribir, desde literatura a guiones, pasando por este blog mismo, no me voy a frustrar más enviando mis cosas a miles de editoriales, lo haré para desahogarme y aportar mi voz a este inmenso océano de ecos; quiero rodar y experimentar con el cine, desde documentales sobre los refugiados centro-africanos en Italia hasta el proceso de creación de una banda indie.


También quiero hacer algo por mi país: por Venezuela y también por Amantea, el pueblo italiano de donde vengo; porque creo que tengo una responsabilidad con los otros seres humanos y esa responsabilidad tiene que ver con las cosas que das y las que recibes, y yo quiero dar a esos lugares porque los conozco bien y creo que mi deber es aportar mi grano de arena, aunque una parte de mí tema que no sirva de nada.Y por último quiero estar rodeado de la gente que más quiero, porque estoy harto de la nostalgia por la distancia, de tener que vivir extrañando vidas y lugares, porque tengo que aceptar que la vida está aquí, a mi alrededor, y no puedo darme el lujo de envejecer en una empresa cobrando un sueldo de mierda sin haber lanzado las piedras por lo menos.


Giulio Vita

@elreytuqueque

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