La nueva izquierda en América Latina



A finales de los noventa, en América Latina, comenzó una fuerte ola izquierdista, votada democráticamente, en respuesta al descontento de los pueblos con respecto a las políticas internas y externas de sus gobiernos. Gobiernos que crearon grandes diferencias sociales en sus respectivos países, concedieron sus recursos naturales a potencias extranjeras que por poco precio explotaron nuestros suelos.
Esto no fue un proceso de la noche a la mañana, sino algo que llevaba décadas formándose entre la gente, y no fue hasta que algunas personas claves entendieron que para cambiar las cosas, tenían que participar de forma legal y de manera que el pueblo decidiese, sin imposiciones, esos cambios. Así, Lula, que luchó durante años como sindicalista, al igual que Evo Morales con los cocaleros; Chávez, que hasta intentó un golpe de Estado; Mujica, antiguo Tupamaros; Cristina Fernández, antigua peronista, lograron escalar a la posición de jefes de Estado gracias a su capacidad de liderazgo y concentrar el descontento público que habían dejado los gobiernos pasados.
No puede ser casualidad que la izquierda haya tomado tanta fuerza justamente en esta época, cuando los antiguos veinteañeros que fueron en contra de dictaduras y gobiernos injustos, crecieron y encontraron una solución a través del camino político.

Esto no a todos les gusta, ni a la clase pudiente que está en América Latina ni a los grupos poderosos que se aprovechaban de la docilidad de nuestros gobiernos anteriores. Por lo tanto, estos líderes se enfrentan no sólo a la tarea de la Presidencia sino también la de ser partes esenciales de un proceso de cambio como nunca antes visto, como ya lo habían hecho nuestros escritores, cuando demostraron que no sólo sabíamos plantar banano. Por supuesto, ninguna idea, ninguna reforma puede ser considerada panacea para una sociedad, sobre todo si no actuamos todos en consecuencia a esas ideas, empezando por nuestros líderes. Pero sí es un buen camino que se está abriendo, en estado primitivo, de un nuevo tipo de libertad económica y social, y esperemos que los próximos políticos aprendan de los errores de estos líderes y rescaten las buenas ideas que han expuesto con sus políticas, en vez de eliminar toda huella y condenarlos.

Es posible hacer en América Latina potencias mundiales, primero por nuestra privilegiada posición geográfica y segundo por la unión que existe entre nuestros países. Claro que hace falta cada vez más gente preparada y con una visión social mucho más amplia que la que se ve en la universidad pues, en la región hay que lidiar también con la extrema pobreza, con el respeto por la naturaleza y las tribus indígenas, al igual que convivir con la modernización de las ciudades.
Ahora mismo en Venezuela hay muchas políticas chavistas que deberían salvarse, como lo son las misiones, la apertura de medios públicos, las comunas, entre otras. Habría que reformarlas, para que dejen de estar basadas en el resentimiento, para que se elimine la corrupción y se impulse la calidad de estos servicios, pero las ideas, en sí, están muy bien. Este camino que trazó Chávez en Venezuela no debe verse como el mal que llegó de repente sino como una consecuencia directa y elegida democráticamente por el descontento de políticas anteriores, una consecuencia que propone soluciones muy interesantes que no debemos eliminar del todo sino mejorarlas. 

La Europa de ahora no me parece más justa que la América Latina en la que viví. Si no fuera por la violencia en Venezuela, el país sería maravilloso para empezar a construir, pero la violencia está allí y es algo contra lo que hay que luchar con verdaderas reformas. Hablo de una Europa, por supuesto, con una estructura que lleva milenios creándose y reformándose, y es normal que ahora mismo esté en un mal momento. Nuestros países son muy jóvenes y debemos seguir los ejemplos buenos y aprender de los malos que nos ofrece el mundo, sobre todo en épocas de crisis.

En lo que se refiere a Venezuela, particularmente, no veo un candidato actualmente que me asegure que las políticas chavistas realmente van a seguir y ser reformadas, no veo un plan de gobierno realmente sólido más allá de las frases hechas por la propaganda que suenan muy bien pero en práctica se quedan en nada. En cuanto a Chávez, que todavía tiene la mayoría aunque no queramos verlo, se está preocupando demasiado por su megalomanía en vez de intentar arreglar las cosas, y eso ha derivado que las cosas que ya estaban mal, fueran a peor, y las cosas que intentó hacer bien, pronto perdieron fuerza por falta de compromiso.

En fin, no tenemos que ver esta nueva ola como un mal sino como un inicio diferente que puede funcionar muy bien si logramos administrarla de forma inteligente. Hoy en día, en los países de primer mundo, a la gente la echan de su casa si no puede pagarle al banco, una entidad que creó la crisis financiera, y la clase media es la que paga. De este lado del charco, por supuesto, hay muchas cosas buenas pero allí, en América del Sur, hay otro camino, por el que podremos andar cuando nosotros cambiemos. Los latinoamericanos somos olvidadizos y cómodos, esto es nuestro peor mal, porque nos hace caer una y otra vez en el mismo error. Pero con educación podremos mejorar esto. Una educación real, no la que nos quieren reformar para hacernos tecnócratas, sino una educación que nos enseñe de nuestro pasado y nuestro presente, que no se nos repita Bolívar y Colón hasta el final del bachillerato, sino que se hable de Nicaragua, del canal de Panamá, del Plan Cóndor, de las Fuerzas De Liberación Nacional que se escondían en la selva, que nos expliquen mejor qué ocurrió en estos años de democracia desde Betancourt hasta Chávez, de los cuales nos sentimos tan orgullosos en las escuelas pero la sociedad no lo refleja. Que nos enseñen exactamente lo que ocurrió y lo que ocurre, porque esta educación censurada es tan dañina, o quizás más, como que cierren un canal de televisión o ataquen a un periódico. Para poder ser críticos con nuestro presente, tenemos que informarnos bien sobre nuestro pasado, profundizar, buscar, no insultar para ganar la discusión, no argumentar en base a Globovisión o La Hojilla, sino realmente leer todos los aspectos del asunto, porque aquellos que no tienen el acceso a la educación, que han sido renegados, son más fáciles de manipular, pero nosotros, los que tuvimos este acceso, tenemos la obligación social de no caer en estas manipulaciones, de informarnos e informar, como hicieron hace un par de años esos muchachos ucabistas en el metro de Caracas, que explicaban los artículos a cada persona que veían. Ese es el tipo de soluciones que necesitamos pero tienen que venir de nosotros para luego ir a los demás, y el camino es largo y difícil.

Les dejo la entrevista de Julian Assange a Rafael Correa:

Giulio Vita

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