Apatía Madrid: Festival de Cine Propio.


El fin de semana pasado, en Madrid, se celebró el Festival de Cine Propio, una idea reaccionaria y de la mano al descontento generalizado en España, particularmente en el sector del audiovisual. Proclamando que "el cine ha muerto", organizaron una selección de cortometrajes acompañada de un debate entre técnicos de cine, todo esto en la Plaza de La Cebada, en La Latina, el corazón de Madrid, un lugar donde estaba permitido tomar cervezas y fumar al aire libre.


Yo había vuelto de Barcelona por el fin de semana y pude llegar justo para la proyección de los seleccionados, aunque me perdí el debate de los directores (el cual, según me contaron, contó con no más de quince personas), y saludar a mis compañeros. Los organizadores estudiaron en mi escuela, el Instituto del Cine de Madrid, una institución muy parecida al gobierno actual (manipuladora y mediocre), y de la escuela sólo había ocho personas.

Los cortometrajes seleccionados siguieron una especie de línea editorial que delató los gustos personales de Ángel Jaquem y Sergio de Vega, quienes eligieron también con criteriores de espectadores, y así permitieron que el evento no se volviese insoportable, como muchos festivales de estudiantes de cine europeos que caen en el cliché del cine aburrido y cargado de intelectualismos tontos. Nos pasearon entre diez cortometrajes de diferentes países, diferentes estilos y géneros, logrando una velada muy agradable.

Al terminar las proyecciones y la protocolar intervención de los organizadores, me sorprendió que no hubiese entrega de premios, y me explicaron que ningún director había asistido, tampoco de los españoles.

Desde que el movimiento de los indignados surgió, he escuchado muchas críticas por la falta de organización y efectividad que hay al protestar por protestar. Así vi, con tristeza, a muchos jóvenes quedarse en sus casas en vez de salir a protestar, justificándose con que no se estaba haciendo nada organizado. Las veces que me quejé de esta actitud, los llamé apáticos y se molestaron, porque según ellos no hacían nada porque no se sentían identificados con un movimiento así mas tampoco con los políticos de ahora. El sábado confirmé que tenía razón: lo que vive mi generación es una clara apatía, utilizada por los políticos para perdurar y por el mass-media para confundir.

El Festival de Cine Propio es gratis, tiene una selección de cortometrajes de todo el mundo, sin caer en la pedantería, está hecho por jóvenes con la ayuda de una junta de vecinos y entre todos buscaron todo lo necesario para presentarlo, sin la intervención de privados ni escuelas. Todo esto lo hicieron porque les gusta el cine y sienten que las propuestas culturales, en Madrid, son cada vez más escasas y en su mayoría están envenenadas por el libre comercio. Un festival hecho desde el amor a inicios del verano hecho por no más de diez personas sin un duro.

La asistencia, evidentemente, fue desastrosa. Hubo gente pero no demasiada. Digo evidentemente porque es obvio que una sociedad como la nuestra, controlada por lo que es cool o no, amaestrada por la televisión, está en contra de la libre información, de la libre cultura, de la libre libertad. Si no tiene un precio, no lo sentimos creíble o válido; si no hay alfombra roja, grandes estrellas ni cámaras de tevé, nos da grima, porque la pobreza es contagiosa y sobre todo el fracaso, dios nos libre del fracaso.

Después de tomarme algo con mis compañeros, fui hacia el bar de mi antigua escuela porque había quedado con un amigo, y así me encontré a varios estudiantes de cine, de diferentes diplomaturas, y a un profesor, en una borrachera maravillosa, porque ese día habían grabado el examen final de interpretación (una pseudo-sitcom que cada año mejora en el mal gusto). Intrigado, les pregunté a todos por qué no habían ido, y sus respuestas fueron más o menos del tipo "quería ir pero estábamos acá", "no nos apetecía", etc.

Comprendo que la gente que no está involucrada en las artes, no sea tan fácil de convencer para ir a un festival de cine, pero no comprendo para qué la gente paga casi 5000 euros a una escuela de cine, en tiempos de crisis, y luego no asiste a eventos que son precisamente la razón por la que estudian. Eso me hace pensar que estos técnicos y actores sólo quieren ser famosos, salir en la televisión y follarse actrices por darles un papel que aceptarán gustosas porque protagonizarán y así cumplirán su sueño maravilloso de ser la próxima Carolina Bang (a quien, esa misma noche, me encontré en un bar, como una confirmación).

No comprendo cómo crearon un grupo de Facebook llamado "Técnicos del Cine Español" y en menos de dos semanas había inscritas 8000 personas, y ni siquiera el 1% asistió. No comprendo para qué la gente sigue quejándose de su gobierno o de su idiosincrasia, en vez de hacer algo por lograr ese cambio. Y entre esa incomprensión, queda una tristeza por lo que se ha convertido el presente y lo que se avecina en el futuro. Una tristeza y a la vez muchísima rabia, pero rabia que hay que convertir en motivación, porque la cultura hay que defenderla antes que a cualquier patria, cualquier banco, cualquier ideología.

Son éstas las propuestas efectivas y reales que nos enriquecen. Ésta es la forma en que el cine que queremos hacer es posible, al igual que es ésta la forma en que el país que queremos vivir, se alcanza. Y con esta confirmación de apatía que se respira en la ciudad, me fui a Barcelona para luego bajar a mi pueblo, en el sur de Italia, porque creo que en contra de esta aceleración, en contra de esta neurosis que nos hace comprar cosas que no necesitamos, y perder el contacto con los demás, la solución está en lo bucólico, en volver al origen, sin rechazar del todo a las ciudades, por supuesto. Porque creo que cada cosa tiene su lado bueno y malo, y en este momento sólo queda en los pueblos algo rescatable de esta juventud cada vez más controlada y jodida por la insensibilidad.

Desde hace tiempo estoy trabajando en la idea de hacer un festival de cine en mi pueblo, en Amantea, un lugar maravilloso, y la respuesta por el festival de Cine Propio, me hizo confirmar que el camino que estoy trazando es el correcto, a pesar de que sé que es difícil y duro el camino. En todo caso, mientras yo estaré lejos, los muchachos del Cine Propio estarán trabajando en la segunda edición de este sueño tan bonito. Espero que el próximo año sea mejor, tanto por parte de ellos, en cuanto a publicidad, y de parte de nosotros, en cuanto a asistencia.

Giulio Vita

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