Humor para odiar: El Chigüire Bipolar.



Después de que España le ganase a Portugal en la Eurocopa, El Chigüire Bipolar publicó un artículo que suponía ser satírico sobre el fanatismo venezolano por los equipos de fútbol extranjeros.

El Chigüire es una revista online de noticias falsas que a través del humor ha logrado reflejar el realismo mágico que nos acompaña en el día a día en nuestro país cachacumbesco, donde todo puede pasar. A medida que la crisis política de Venezuela se ha acentuado, su línea editorial ha sido más agresiva hacia las críticas y ha utilizado muchas veces de forma inteligente la capacidad que tiene el humor para denunciar.
He sido seguidor de ellos desde sus principios, cuando yo todavía estaba en bachillerato y en internet había muy pocas propuestas como ésta, a contramano de lo que creíamos permitido. He sido fiel a todas sus publicaciones hasta hoy, por ese artículo de mal gusto titulado "Sudacas hijodeputas celebran victoria de país que no los quiere".


El artículo no funciona porque está escrito desde el resentimiento y el odio, un síntoma con el que me encuentro cada vez más entre mis connacionales, y el chiste se ve opacado por las notas de xenofobia y apología al odio.  


El humor tiene que ser libre pero también tiene que ser responsable, porque es un arma poderosa y por ello las grandes tiranías le temen. No creo en la censura pero tampoco creo en esconderse tras la libertad de expresión para lanzar ideologías que inducen a la segregación. El humor, como ya dije, tiene que ser libre. Libre también de cualquier forma de vileza porque es una herramienta efectiva para transmitir ideas, y es por ello que es tan peligroso y genial. A través de él creamos ideas que otros comparten y podemos, de alguna forma, congregar y utilizar esa gran energía para conseguir soluciones. 
¿Por qué, Chigüire, tu solución es promover el odio y hacerte parte de la crisis social que vivimos como el problema? Con lo fácil que es hacer un chiste sobre nuestro nacionalismo distraído sin tener que promover el odio. Claro que no es tan fácil como lo que hiciste aquí, porque hiciste trampa, te ayudaste de recursos aprendidos en cadenas del Presidente (el odio, el nacionalismo y la calumnia), hiciste gala de una mediocridad que demostramos oficialmente. Y claro que no tendrías tantos comentarios ni difusión (yo mismo no estaría dedicándote todo esto). Una publicación tan grande como la de ustedes, tiene el deber, como han tenido comprometiéndose con los operativos en las elecciones y ridiculizando las mentiras de nuestros políticos, de difundir los hechos y no alterarlos. Antes siempre han alterado el contexto pero no el fondo, y son esas veces cuando han logrado artículos impresionantemente buenos (como el de los niños armados que "disparaban ideas") por su importancia social. Esto no lo digo porque quiero, son ustedes los que se metieron en hacer sátira en política y tomar un papel. Ayer traicionaron este papel con resentimiento.

El chiste del Chigüire no es irreverente ni inteligente, porque el único trasfondo que tiene es aquel del discurso violento que tanto ha invadido las calles de Venezuela. Y lo digo como gran admirador de todo tipo de humor, de cualquier nacionalidad y cualquier tipo. 

La crítica que inspiró al autor yo la comparto hasta cierto punto: esa fiebre por lo extranjero que tenemos me disgusta muchísimo, y esa fiebre, paradójicamente, hace que odiemos lo extranjero.
En este artículo se muestra a un español venezolano tratándonos con inferioridad y, además, se menciona un hecho ocurrido hace ya varios años de un skinhead atacando a una muchacha en el metro. Con esto consigue empatía criolla, aquella en la que a través del odio todos se unen, tal cual hace Chávez, dando datos aleatorios de un hecho y confundiendo a la gente.
Lo grave es que a la gente le gusta y le parece que es cierto lo que dice el artículo, porque según las noticias los españoles son racistas, colonizadores y asesinos. Es muy fácil en un país con un nivel de educación tan bajo y un estado de manipulación mediática que ha durado años, hacer humor o política, si nos basamos en el populismo.
Es por eso que ya no me siento parte de la comunidad de admiradores del roedor, porque no empatizo con esto.
El Presidente, en más de una cadena, ha hecho humor tan bestia como éste, o el mismo Mario Silva en La Hojilla. Mi amigo Javier Alarcón me dijo que son cosas iguales, porque miran al otro desde la superioridad, creyendo tener la razón, y así se burlan y divierten a sus seguidores, tanto La Hojilla como el Chigüire. Y tiene razón. El nivel de arrogancia peyorativa es impresionante. 

Después, compartiendo opiniones con muchos venezolanos, quiero aclararles lo siguiente: Yo soy venezolano hijo de italianos que vive en España desde hace tres años. Mis rasgos físicos son andinos, gracias a mi abuela, y mi condición económica no es buena pero tampoco muy mala. 
Les confesaré algo: cuando llegué aquí tenía mucho miedo porque he sido víctima de la delincuencia tres veces y de formas muy violentas, y yo también había visto en las noticias y en los periódicos y comentada por Chávez en cadena nacional, la noticia de la muchacha golpeada en el metro por el skinhead. El primer año, siempre que volvía a casa, me cagaba de miedo y corría para llegar antes. Poco a poco se me fue quitando ese miedo y eso es algo que jamás dejaré de agradecerle a Madrid.
En este país he tenido amigos de todas partes del mundo pero con quienes más me he sentido a gusto y he entablado relaciones fuertes son los españoles. Porque los españoles, entre los europeos, son más parecidos a lo bueno del latino (sí, he escrito lo bueno, y ya explicaré), son gente abierta y con muchas ganas de conocer. Le importa un pito de dónde venimos, a pesar de lo que su gobierno promulgue, porque las leyes en contra de los emigrantes no han sido votadas en referendum sino decididas por un gobierno. Si hablas en la calle con cualquier español adulto, difícilmente te dirá que la solución es echar a los emigrantes, sobre todo porque llevan demasiados años conviviendo con ellos y ya se han acostumbrado. 
Sí, ocurrió lo de la skinhead y hay muchos sucesos entre gobierno y emigrantes ilegales que yo no comparto. Esto no significa que los españoles sean racistas. No podemos juzgar a una nación por como actúen sus gobiernos (los invito a que se miren un poquito desde afuera, a ver qué piensan de nuestro orangután sin estudios).
Eso desde la actualidad.

Ahora bien, soy hijo de emigrantes y crecí en el barrio de emigrantes de Baruta. Allí conocí a italianos, portugueses y españoles de clase media. Mi abuelo y todos sus amigos no dejaron de trabajar ni un día, contrataban personas del país y cuando Chávez empezó los discursos de odio contra los europeos, acusándolos por la colonización, lo que le dolió es que él, a pesar de tener ese acento italiano tan marcado, se siente más venezolano que su mujer, una andina que sigue reclamando que es más italiana que todos nosotros porque ella decidió serlo.
Tampoco estoy de acuerdo con lo que ocurrió durante la colonización de América pero no por esto puedo culpar a una persona nacida en el siglo XX. Es algo tan absurdo como que ustedes sean enjuiciados por un crimen que cometió el amigo de un tatarabuelo suyo.
Lo que me duele es la ingratitud que tienen los venezolanos tanto con su tierra como con los de afuera, viendo a todo desde arriba, esa asquerosa falta de humildad que hará que nunca el país progrese.
Los emigrantes lo dieron todo por Venezuela y me fastidia tener que explicar esto. Deberían saberlo ya, no deberían olvidar nada porque el olvido trae la repetición de la catástrofe. Crearon empresas que construyeron al país, crearon trabajos, escuelas, hospitales y todo esto empezando desde la nada, desde ser simples campesinos o marineros. Y sí (los emigrantes no son como ustedes), saben muy bien lo que Venezuela les dio y por ello la llevan en el corazón aun así ahora les hayan expropiado las tierras, los hayan insultado, secuestrado, asesinado. Porque los emigrantes tuvieron hambre y frío, y eso no se olvida nunca. En Venezuela todavía no hay hambre y sigue habiendo demasiado dinero en la calle como para que la gente recuerde de dónde viene.

Mi discurso de hoy me desliga de esta Venezuela horrenda y dividida, donde todos promueven sus odios y son desagradecidos con el pasado, porque estos años de chavismo no han sido sino la exageración de lo criollo en su estado puro. Yo soy venezolano pero no de ésta Venezuela sino de la que me contó mi abuelo y la que estamos haciendo los venezolanos en el extranjero, aún atados a nuestras tradiciones y demasiado preocupados por no olvidar el sabor del Caribe como para odiarnos entre nosotros. 
Me duelen también todos esos venezolanos dentro de Venezuela que no creen en este odio, que no quieren esta Venezuela y, tristemente, son minoría y son ellos los que pagan tanta violencia. A esos les digo sigan haciendo lo que hacen, sin violencia, sigan creando su arte para difundirla aunque parezca que no sirva de nada, porque las grandes paredes de la ignorancia necesitan de mucha paciencia para ser derrumbadas; sigan yendo a sus trabajos y a prestar sus servicios porque necesitamos gente que crea en el país. 
No olvidemos que el país no somos sólo los que viven en barrios ni sólo los que viven en sus casas espectaculares. Venezuela es un país hecho gracias al poder de coexistir de tantas razas y ahora que nos juntamos, no logramos vivir en paz. 


Giulio Vita

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