Más allá de Chávez y de Capriles.



La sociedad venezolana cree en el individuo mas no en el colectivo. Las pocas oportunidades en las que demuestra lo contrario, siempre están teñidas de razones políticas o deportivas, las cuales, al fin y al cabo, son derivaciones de ego personal, y rápidamente se las arreglan para ponerse de un bando o de otro.
La opinión pública se basa en la especulación, haciendo imposible la comunicación. El mensaje es recibido de formas diferentes por quien sea el receptor y deformado dependiendo de quien sea el emisor, porque importa más la forma que el contenido.


En las últimas semanas he intentado entender y captar lo que piensa la gente con respecto a las próximas elecciones y, tanto caprilistas como chavistas, han demostrado una pobreza de ideas y un exceso de fanatismo que me espanta.
Sin darse cuenta, de cada lado, se comportan como lo que más odian del otro, porque están encerrados en lo que cada uno cree correcto y no están dispuestos a ceder ni un gramo de razón a cualquiera que le plantee dudas (porque ni hablar de críticas). 
En Venezuela un debate se asemeja más a una pelea de gallos que a un intercambio de ideas que pueden llegar a un consenso. Se malinterpretan las palabras y se busca de alguna forma ganar la discusión, descalificando los argumentos del otro o directamente a la persona, pero sin argumentar nada; remitiéndose siempre al sentimentalismo barato, para quitar la atención a las ideas y lograr efecto con las emociones.
Es un país lleno de arrogancia y prepotencia, desde el Presidente hasta el conductor del autobús, donde lo que no se sabe se inventa y lo injustificable se justifica con otra cosa, aunque no tenga nada que ver.

Entonces todo se difumina, todo pierde el sentido del discurso y es necesario alejarse y ver todo desde otra perspectiva para no volverse loco entre tanto absurdo:
Unos niños fascistas hacen un video promoviendo la desigualdad y el odio por su ciudad, y la gente se horroriza porque la opinión pública, en un instante de sentido común, ha decidido mandarlos a la mierda sin mediaciones; Capriles saca una iguana de peluche y dice groserías, y enseguida sus seguidores saltan encima de aquel que se sintió incómodo ante un discurso tan vulgar, y así podría seguir.

En lo personal, me encanta conversar con alguien contrario a mis ideas, siempre y cuando sea respetuoso y que busque, al igual que yo, no ganar sino comprender. Porque el diálogo es algo muy importante para la construcción de una sociedad y en Venezuela, en realidad, no existe. Empezando por todas las horas que ha dedicado Chávez en cadena nacional a sus monólogos hasta la gente en la calle, que no se escucha y se insulta que da gusto. Pero esta tarea ha sido realmente difícil con la mayoría de los chavistas y opositores, por esto de temer a actuar en colectividad.

Mi artículo sobre la campaña de Capriles ha sido respondido, sobre todo, por el hecho de que he decidido no votar, pero no iba de eso (no dedico más de una línea a ello) y ahondaba en cosas más importantes, y lo irónico es que chavistas y opositores se lo tomaron muy mal, unos diciéndome calumniador por hablar así del Comandante y otros apátrida y arrogante por no tener idea de lo que hablo.
Los que utilizaron argumentos llenos de pasión, estoy seguro que no entendieron o no leyeron por completo mi artículo. Un chavista me dijo "antes de escribir en un blog, deberías aprender a escribir, bruto, y además eres un calumniador". Al preguntarle cuáles habían sido los errores ortográficos y las calumnias, me respondió, "no pienso perder mi tiempo más contigo, me cansé". Quiero aclarar que me ocurrió algo parecido (pero no tanto) con una opositora quien, además, es una amiga a la que quiero mucho, aunque creo que ella ya no a mí. Y con ella lo que me dolió fue que se lo tomara todo tan a pecho y defendiera lo indefendible hasta ese punto nauseabundo de tener que insultar cuando mis críticas eran sólo para mejorar esta candidatura.

Esto también me hizo analizar la ironía moral con la que se juega en el país. Por ejemplo, nos parece horrible Chávez y lo argumentamos con la corrupción, pero nuestro día a día lo vivimos dando propinas aquí y allá, buscando un amigo que lo resuelva, contratando un gestor o yendo por el hombrillo. Y claro, esto parece que no es lo mismo, y yo les digo que es exactamente lo mismo y mucho más, porque el Presidente de Venezuela es el vivo reflejo del venezolano, de todos los venezolanos, porque, a pesar de que seamos una sociedad condenada a no estar unida, la idiosincrasia que nos cubre a todos es la de la vida fácil.

La Venezuela que Chávez creó en trece años fue la que nosotros le dejamos crear, no nos equivoquemos. Al igual que hace unos años esta oposición que hoy nos pide votar, decidió no presentarse a las elecciones y entregarle control total al chavismo. Al igual que seguir comprando dólar en mercado negro y celebrar a Pastor Maldonado mientras Ventur hace una oferta con Cadivi para que no gastes tu cupo y te vayas a Mónaco; al igual que haber ido a marchar haciendo bailoterapia; al igual que no habernos molestado nunca en verdad, de ser tan de boca para afuera y adaptarnos tan bien, y seguir haciendo plata (porque en Venezuela se hace plata como antes o más), y comprar camionetas a precio con comisión para que nos las entreguen rapidito en vez de denunciar, porque las denuncias no valen de nada si todo el país está corrupto.

Queremos un país justo pero estamos de acuerdo con que las señoras de servicio duerman toda la semana en nuestra casa, queremos que no haya corrupción pero no respetamos las leyes de tránsito, queremos educación del otro pero siempre que no estamos de acuerdo respondemos con descalificativos. No nos gusta ningún tipo de crítica ni queja y yo me pregunto ¿cómo creen que esos países que tanto admiran, esos mal llamados Primer Mundo, progresan? ¿Porque la gente es mejor? No, para nada, es simplemente que la gente se queja con fundamento y da el ejemplo desde sí mismo.
Porque esa es otra cosa: cuando les digo que esta histeria de votar por Capriles es igual a la que ocurrió con Chávez en el '98, lo digo porque se comportan igual. Están poniendo toda la fe y la capacidad de progreso en la esperanza de unas elecciones en vez de empezar a cambiar por sí mismos.

A argumentos así me responden "Chávez era un golpista y Capriles no", y son el tipo de cosas que me debilitan, porque no leen un mensaje tan claro: lo que es igual es la manera de actuar de la sociedad, no el candidato. La historia de Venezuela es cíclica porque la gente que no se abre a las opiniones, no puede progresar. Las cosas estaban también mal antes, quizás para los de las altas clases no, porque no lo veían, porque no tenían la necesidad de verlo. Ahora sí, ahora que los guisos cambiaron de mano, quizás sí, pero me pregunto: ¿qué hicieron durante los años antes de Chávez por las injusticias sociales? Porque, a como yo lo veo, sólo Chávez (y gracias a ello ganó) se levantó para reclamar sobre las injusticias de los gobiernos anteriores a él. Por otro lado (tranquilos, no se calienten), Capriles hace ahora lo mismo, se levanta contra las injusticias cometidas por el chavismo (que hay muchas).

El punto es que a las cosas hay que darles su justa medida. Yo creo todavía en la clase media venezolana, porque está jodida, gane quien gane, y siempre lo ha estado. Los pobres también pero la diferencia es que son más fáciles de engañar con el pan y circo (Claro que no a todos, por supuesto que no a todos). 

Creo que la culpa es de todos y hasta que no asumamos culpas y decidamos cambiarlas, votar o no votar, no será lo decisivo. Cuando marché en 2007 a favor de la libertad de expresión, muchas cosas cambiaron en mi pensamiento, y la única esperanza que me quedó es que surgiera una nueva generación de políticos, diferentes a los que yo había visto y de los que me habían contado, pero en cambio apareció Capriles, algo entre la IV República y Chávez, y me di cuenta que tiene sentido que aparezca él y no otro, porque los venezolanos que tienen una opinión global, se fueron del país y los otros decidieron no meterse en política.
Al igual que Chávez en su momento, Capriles es la respuesta de lo que podría querer Venezuela ahora.

Pero gane quien gane (que no es lo importante) no nos engañemos: las soluciones tienen que empezar por nosotros mismos, no vendrá el antídoto para todo mal si seguimos pensando que el otro es el que está equivocado. Y por supuesto que podrían decirme que yo también pienso que están equivocados, pero no, no del todo. Porque no estoy tan seguro de mis opiniones, al menos no estoy seguro de su cualidad de absolutas. Sería ridículo, pero sí creo que soy culpable yo también de que Venezuela sea como es, y por eso escribo este blog, para aportar mi granito de arena, así sea con palabras.

Dejemos los dogmas políticos de lado. Defender a un Chávez o a un Capriles hasta la muerte, sin permitir las críticas a los errores que cometen no es ser patriótico sino todo lo contrario. Venezuela somos todos, en el extranjero o dentro del país, chavistas o caprilistas, votantes o no. Un hombre no cambiará las cosas. Las cosas cambiarán cuando cada uno decida aportar no su voto sino su actitud al país, escribiendo, sembrando, denunciando, no participando en la violencia colectiva de ningún tipo ni mucho menos en la corrupción que tanto nos distingue. Empecemos por creer en nuestro colectivo y actuar en consecuencia. 

Giulio Vita

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