Exilio #10



(Ilustración de Sara Fratini)


Nos comportamos muy mal. Cada cual utilizó al otro de guarida contra la soledad y los aguaceros. En vez de la pena del desamor, elegimos el ejercicio de la mentira, más fácil y provechosa.

Ya se había dicho antes: gozar es muy parecido al amor y más barato.
Aunque, en nuestro caso, la gracia nos salió cara en muchos sentidos.
Pero no fue culpa de la mentira sino de confundir nuestro teatro con la verdad. Fuimos víctimas, por igual, de chocar violentamente con la realidad por olvidarnos que no éramos más que ficción.


Nuestro amor de fantasía, de baratija, nuestro amor chanchullo, de recortes de escenas cinematográficas, al final logró despistarnos, al punto de creernos nuestras promesas sin fondos y sufrir dolor, el dolor de querernos. Un dolor sin fundamentos, como las heridas psicológicas y aquellas lágrimas de cocodrilo que enrojecían tus ojos azules de hechicera medio reptil, de muchacha enamorada de otro y que prefiere llorar por la obstinación de una mentira a recordar que su real amor no le es correspondido.

Pensándolo, concluyo que debimos habernos entregado a la ligereza de nuestro buen sexo, sin ninguna otra atadura que los orgasmos sabrosos que alcanzábamos.
Nuestro error, puta querida, fue desubicar al estómago del corazón, pisar profundo el agua, no como ciegos sino como desesperados, por no enfrentar la soledad ni mucho menos superarla, por preferir el autismo de sembrar sin semillas y querer recoger frutos.
No, no nos quisimos ni nos querremos nunca pero ¡qué bien la pasamos!

Giulio Vita

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