Paraíso u olvido.



No estoy decepcionado con la democracia. Simplemente estoy en contra de ella, de principio a fin y en cualquiera de sus formas. Es un sistema basado en las opiniones y la capacidad de empatía por el otro, susceptible a la demagogia y la propaganda, razones por las cuales es tan fácil ser tentado a no educar lo suficiente a la gente y adornarlo todo en vez de profundizar en el argumento.

Las tendencias políticas de los votantes en democracia tienen gran parecido a los hinchas de las selecciones de fútbol. Pueden hacer una prueba muy sencilla: vean un partido con dos fans de equipos contrarios. Tanto uno como el otro comentará el partido desde una perspectiva aberrada por su fanatismo y casi nunca será justa ni precisa. "Eso no fue falta, el tipo se lanzó", "Ganaron pero por suerte", "Perdimos pero por poco".
A los verdaderos fanáticos (esos que lloran de emoción si su equipo pierde y llevan la bandera como un escudo), les importa muy poco la moralidad de sus jugadores dentro y, sobre todo, fuera del partido, y si hacen algo equivocado es justificable con lo que hayan hecho en el partido. Un caso particularmente bochornoso de fanatismo futbolístico es Maradona, quien ha sido talmente decontextualizado del deporte que se ha vuelto religión, mártir odiado y amado por toda la gente alrededor del mundo, símbolo de algo que ya no es fútbol ni religión ni política.

La democracia permite encontrar en la multitud un nexo emocional y de allí conseguir mucho más votos, sin necesidad de presentar un plan de gobierno estructurado sino más bien haciendo promesas por encima y generalistas, con frases hechas y fáciles, que permitan la empatía. Los votantes no siguen a gente con cordura y argumentación política sino a estrellas que brillen y les haga temblar el corazón sin importar las consecuencias sociales que eso trae. De ahí las injusticias y la falta de progreso en sociedades cuya capacidad de emocionarse es tan elevada.

En este siglo industrial, donde vimos nacer, enfrentarse y fracasar al comunismo y al capitalismo, sostiene la democracia el peso por ilusionarnos de que seguimos eligiendo por nosotros y progresamos cada vez que existe un sufragio, sin considerar la influencia del abuso de los medios de comunicación, la desigualdad de clases sociales o la debacle de la educación pública, cosas fundamentales para tener un sano juicio sobre lo que elegimos y para el progreso de una sociedad.

El hecho, como propone el capitalismo, de poder adquirir lo que queramos si estamos dispuestos a trabajar por ello, no tiene nada que ver con el avance ni mucho menos con la libertad. Es cierto que los gobiernos capitalistas han dado mucho dinero para el avance científico pero también los comunistas lo han hecho, y ninguno ha logrado, en estos cien años, una sociedad más justa ni sabido administrar sus recursos naturales.

La democracia propone que la opinión de todos los mayores de edad y en plena salud de sus funciones mentales vale, así esa opinión no esté sustentada por un argumento; así pueda estar condicionada por un prejuicio o una tradición. Es imposible que haya un verdadero cambio en un sistema configurado en la opinión colectiva, sobre todo en estos días de televisión de realities y Youtube.

He visto el último video de Jacque Fresco titulado "Paradise or Oblivion" donde propone un nuevo sistema, que rompe con la democracia, el capitalismo y el comunismo, una especie de paraíso ideal aunque quizás demasiado controlado por lo que él llama La Era Científica.
No sé si sea ésta la opción ideal sobre todo por la sistematización de la humanidad pero parece un verdadero avance, una etapa diferente que podríamos probar, tal como se han probado otras formas de sociedad a lo largo de la historia de la humanidad.

Desde hace algunos meses me harté de buscar un trabajo que no me llena y no hace nada para el mundo, para pagar un alquiler y unos servicios sólo por estar vivo. Me parece injusto y absurdo. Por ello estoy mudándome a mi pueblo a organizar un festival de cine involucrando a la gente del lugar y entre todos hacer algo distinto, interesante y útil para el entorno social en el que será aplicado.

Sé que no es lo mismo como cambiar un sistema pero creo que es un paso hacia adelante. Me gustaría vivir en comunidad, sin despreciar al otro por la obsesión a la intimidad. Me encantaría vivir en una casa con todos mis amigos queridos, resolver entre todos los problemas y crear una micro-sociedad diferente. Parece muy hippie e imposible pero puede ser también muy rompedor e interesante, también aplicado al sistema actual de los gobiernos occidentales: si compartimos la comida, las cuentas del alquiler y los servicios, todo sería más barato. Basta apartarse del egoísmo y el consumismo que no nos llena ni nos hace más felices, pero sí hace más pobres a muchos.

No creo en los movimientos de comunas sin estructura pero tampoco creo en esta estructura en contra del individuo. Creo en la capacidad de los seres humanos por crear un mundo más digno y despreciar el egoísmo contundentemente. Creo que una pequeña cantidad de personas que creen en algo, pueden cambiar el curso de las cosas si se tienen confianza. Últimamente nos han tratado de meter demasiado miedo con las políticas de crisis y la economía salvaje. Tenemos que volver a la tierra y al océano, donde empezamos, para olvidarnos de esa carrera por tenerlo todo porque así terminamos por ser parte de la nada. 
El principal obstáculo es la desconfianza. Hay que empezar a creer en otro modelo de sociedades y el cambio tiene que empezar por nosotros. Ya basta de ganar dinero para que nos quiten el dinero gente que quiere más de lo que necesita, ya basta conceptos de proletariado y aristocracia, de pobre y ricos; sustituyámoslos por gente y sociedad, por seres humanos.

La humanidad está en un período ideal para que ocurra una catarsis hacia el nuevo prototipo de sistema. Podemos hacerlo si confiamos en ello y trabajamos todos juntos desde adentro por conseguirlo.

Giulio Vita




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