Xenofobia España.


La primera vez que llegué a Madrid tenía un miedo secreto hacia la xenofobia. Había noticias frescas de que un español había golpeado a una latinoamericana en el metro, y en mi país se habían encargado de hacerle una publicidad bastante escandalosa y poco objetiva (de esto me di cuenta después). Tenía miedo de ir de noche en el metro, de entrar en alguna calle oscura y pequeña, de cualquier persona que me detuviera en la calle para preguntarme algo.

No era sólo el miedo a ser sudaca sino también por haber crecido en una sociedad violenta y desalmada, en Venezuela, en donde conocí vejaciones de muchos tipos. Había emigrado del país, sobre todo, por la delincuencia.Le tenía mucho miedo a la gente, y en Madrid se está en la calle toda la noche, se habla con desconocidos, hay una interacción social a otro nivel, cosa que me incomodaba porque no me fiaba de los extraños, porque buscaba siempre el puñal escondido, la vileza.

Poco a poco, viviendo entre ellos me di cuenta que no eran como la gente que había conocido y logré, con mucho esfuerzo, hacer amistades de todo tipo. Ha sido una experiencia maravillosa haber podido conocer este país y su gente porque me devolvió la confianza en los otros seres humanos, y la tranquilidad de estar vivo, sensación a la que no puedo darle un valor porque es demasiado grande.He escuchado muchos latinoamericanos criticar a los españoles sobre su racismo, no sólo viviendo en América Latina sino aquí, y hablando con ellos para entender dónde se refleja el racismo, me responden con que nos colonizaron y tienen que pagarlo o, los menos radicales, las nuevas leyes de no retorno.

El argumento de la colonización es tan anacrónico y ridículo que cuando yo lo comparo con la romanización de los pueblos, sus defensores enseguida saltan y me dicen que "me estoy yendo muy lejos". O sea, ¿500 años todavía son válidos pero no 2000? No conozco, en Venezuela, un venezolano "puro" como para que de verdad siga con ese resentimiento infundado por este gobierno y las corrientes de extrema izquierda que llenan sus discursos de pasión. Para aclarar: actualmente, por un hecho de sangre y comportamientos, los colonizadores tienen más que ver con los venezolanos que con los españoles. Y aun así, es absurdo pensar que la herencia sigue siendo determinante.

Siempre con respecto a esto: ¿les molestan los españoles por la colonización pero no los estadounidenses por la intervención? ¿O acaso no saben que EEUU ha hecho campos de concentración en toda América y es tan arrogante que se hace llamar como nuestro continente? Y eso no fue hace 500 años, fue hace muy poco, y ahora sigue poniendo bases militares, fábricas de coca cola, McDonald's (uno de los cuales factura dinero bestialmente en La Castellana), y nosotros molestísimos con los gallegos que ni piensan en nosotros y así compramos T-Shirt de I LOVE NEW YORK, y soñamos con irnos de compras a Miami, seamos chavistas o de oposición, ricos o pobres.

No estoy de acuerdo tampoco con despreciar a lo yankee, sólo que si vamos a ponernos a actuar de ciertas formas, por lo menos seamos consecuentes, y no como esos altos dirigentes de izquierda que tienen cuentas en el exterior y visten más de lo que gana en un año un profesor universitario en el país. 

Los venezolanos son malagradecidos y nacionalistas de la boca para afuera. Todos los emigrantes que fueron a trabajar después de la segunda guerra mundial, ahora son vistos como tiranos que se aprovecharon del país, cuando en realidad fueron a trabajar humildemente y poco a poco salieron hacia adelante. 
Nadie duda de las facilidades que dio el gobierno de la época (impulsado por la creencia de que el emigrante quiere trabajar) a todos ellos y todos lo agradecen al punto de que no dudaron rechazar su nacionalidad para adoptar la venezolana (una de las reglas de la emigración de aquella época). El gobierno español de Zapatero fue uno de los que más impulsó las leyes sociales que ayudaron a los emigrantes y a nadie, en ningún gobierno, se le obligó a rechazar su nacionalidad. Así que la próxima vez que quieran comparar modelos, sería interesante que investiguen y argumenten antes de opinar por sentimentalismo. No por nada España está llena de latinoamericanos que son propietarios y empleadores. También están los que no tienen trabajos maravillosos y son ilegales. 

En Venezuela es difícil no poder trabajar por no tener la nacionalidad hoy en día, pero eso es culpa de que todo está permitido y no dice nada bueno del país. Mi abuelo, por su parte, tuvo que rechazar su nacionalidad italiana porque así eran las leyes venezolanas y sí se cumplían. Los emigrantes en Venezuela fueron recibidos con amor y respeto y en condición de igualdad, aunque también es cierto que ese amor por lo que no es nuestro habrá influenciado en tan buena recepción, mas, sin importar las razones, los venezolanos eran un pueblo amable y bueno.

La comunidad de venezolanos de buena posición social es muy graciosa con su nacionalismo en España: usan blackberries, usan anglicismos siempre que pueden ("Brother, eso está brutal"), tienen ropa de marcas estadounidenses, consumen televisión e internet gringo o cosas venezolanas que copian lo gringo (El Mostacho, 9gag), escuchan música indie hecha en inglés y las veces que escuchan algo nacional es más por lo que dicta la farándula criolla que por lo que nos gusta realmente. A estos muchachos si los saludas con dos besos, te dicen "tú eres venezolano, ¿por qué saludas con dos besos?", o si dices "eso mola mazo, tío" te dicen, ¿ahora te las das de españoleto?".

Las palabras y las costumbres ocurren por tradición o por moda. Estas características son autoimpuestas y otras simplemente absorbidas. A mí, en particular, me fascinan muchas palabras españolas porque son graciosas y otras significan exactamente lo que necesito expresar, que al fin y al cabo, para eso sirve el idioma: para comunicar, no para crear nacionalismos ni separaciones. 

Lo bello del español es lo amplio y para nada absoluto que es, donde cada palabra es una pequeña revelación. Así utilizo entre mis palabras favoritas en el mundo chévere, gozadera, quilombo, pelotudo, mae, gilipollas, follarpendejo, a tope, cachacumbesco, viejuno, currado y más. He trabajado con argentinos y ecuatorianos,  vivido con costarricenses, uruguayos, cubanos, y es imposible para mí estarme quieto en el uso y desuso de la palabra. Claro que cuando hablo con algún venezolano, mi lado más criollo sale a flote y el caraqueño de la calle lo expreso que es un encanto. Pero no por eso me siento más o menos venezolano. Al igual que tampoco creo que esté mal el uso de anglicismos. 
Lo que me molesta es que estén impuestos por la televisión y unas ganas de no pertenecer que no por un intercambio real, como por ejemplo en Centro América, donde hay muchas palabras yankees porque hubo un intercambio diferente al nuestro y es normal si vives con alguien que habla un idioma y tiene unas costumbres, todo se entremezcle, porque cultura no es algo fijo sino una masa cambiante dependiendo de los acontecimientos sociales que ocurran. Porque también existen aquellos que usan esas palabras que nombré haciendo esfuerzos y piruetas, porque quieren quitarse el acento rápidamente. 

Los hombres dicen de la boca para afuera "los españoles son racistas" y salen con españolas que, amablemente, les hacen el amor con alegría, y las mujeres hablan del machismo del ibérico quien, en realidad, no se compara con el machismo criollo y caribeño, que empieza por la mujer. 

Cerrarse a otra cultura por creer respetar la tuya es una idiotez grande como una declaración de guerra, porque no se gana nada, sólo se pierde ya que, mientras la cultura de tu país sigue mutando, tú estás congelado en el tiempo, con la cultura con la que te fuiste, muy internauta que seas, porque el mensaje lo pillas cifrado, descontextualizado, después del filtro de las redes sociales, y lo que aprendes es un reflejo de la cultura que luego reflejas, y así se crea un quilombo que te la voglio dire. Sobre todo si tu entorno cultural ya estaba contaminado por tus ganas de ser californiano. 

Imbéciles existen en todos los lugares del mundo y a todas horas, y los políticos españoles no son mejores que otros. Son políticos y, como todos, mienten y se aprovechan. Ahora mismo se vive una crisis que está afectando a todos por igual, español o latinoamericano. Diré más: está afectando a los ciudadanos sin dinero, porque los grandes empresarios ladrones, extranjeros o de acá, siguen viviendo en austeridad, así que no es una cuestión de nacionalismo sino de estar jodidos. Por eso existen leyes fascistas que hay que repudiar y que, en efecto, españoles también repudian, en la calle. Yo no voté por las expropiaciones que hizo Chávez a los emigrantes europeos y él las hizo con gran destreza, a pesar  de mi desacuerdo.

Los españoles no son iguales a nosotros. Tienen sus cosas: casi nunca se escuchan entre ellos, están desinteresados por todo, son un poco vulgares y a primera vista parecen menos limpios en sus bares. No es tan sencillo llegar a entablar una amistad a primeras con un español pero no por él sino también por uno. Eso antes yo no lo entendía pero me fui dando cuenta conviviendo con ellos y con mis amigos latinoamericanos. 
Una reunión de latinoamericanos está llena de una exacerbación por nuestra cultura: con ron Santa Teresa, empanadas argentinas, café rica, merengue y salsa, ¡maravillas! Maravillas que no permiten al otro poder integrarse. Mis amigos españoles, sin embargo, van gustosos a esas reuniones y disfrutan como nunca habían disfrutado en su vida. No puedo decir lo mismo de la recepción de las reuniones españolas en Venezuela o las italianas, porque al venezolano no le gusta adaptarse, y no porque ama a su país sino porque necesita imponerse.

Considero de suma importancia separar estos conceptos de amor a la patria e imposición, porque lo primero es algo positivo, siempre y cuando sea moderado, pero lo segundo es algo que nos afecta no sólo cuando estamos afuera sino también cuando vivimos el día a día en un país lleno de personas imponiéndose entre ellas: en el tráfico es un claro ejemplo, en las candidaturas políticas, en los debates televisivos, en las colas, en prácticamente cualquier situación. Y siempre disfrazamos o confundimos ese amor a la patria, esa empatía con el más necesitado, que es de la boca para afuera, eso de reclamarle a quien sea crítico porque "no sabe de lo que habla". Chávez juega mucho con eso: amo a Venezuela y quien no sea chavista no la ama. ¿Amor a la patria o imposición de postura?

Victimizarse toda la vida y echarle la culpa al otro no va a resolver nada. ¿Conquistaron América? ¿Y qué piensas hacer al respecto? ¿Insultar a los españoles de la décima generación y que no tienen el dinero que se robaron?
No, reclama cosas puntuales y reales, como el oro recientemente encontrado por EEUU y disputado con España porque "era oro de la Corona", noticia que pasó desapercibida por Hugo Chávez y todos los venezolanos que dicen ser más nacionalistas y odian al Imperio y a la Corona. Yo sí habría estado de acuerdo con reclamar el oro, al igual que estoy de acuerdo con reclamar la Piedra Kueka. Esas cosas tienen sentido cuando no están cargadas de imposiciones. Dejemos el show y concretemos. Seamos sinceros y veamos realmente qué estamos haciendo por el país y cómo actuamos con los otros para que ellos nos respondan así.

Todos esos latinoamericanos que pretenden imponer su cultura en Europa y hablar mal del país, deberían ser deportados. Si alguien viene a mi casa a imponer sus reglas y horarios y además habla mal de mí y de mi familia, yo no dudaría en echarlo. Los españoles, en cambio, no piensan todos así y están en desacuerdo con las leyes de emigración vigentes. No hablo de aquellos que hablan mal del gobierno o que critican leyes, porque todos tenemos derechos a una opinión. Estoy en contra de los que engloban a toda la gente y actúan de forma racista; de aquellos que hacen discotecas latinoamericanas llenas de los mismos vicios que nos hicieron a nosotros más pobres. 
No me parece tampoco objetivo que un latinoamericano que viva aquí desde hace diez años y trabajando, no tenga derecho a opinar y a votar si así lo quiere.

Se quejan de que aquí hay leyes y no entienden que en nuestros países nos hizo mierda la falta de autoridad y educación. Y no, lo siento, América querida, pero no nos deben nada. No puedes pretender llegar a un país cuya configuración social está determinada e imponer la tuya sólo porque hace siglos atrás ocurrió un hecho horrible. No sean ridículos y no carguen con mentiras y especulaciones de "aquí todos te dicen sudaca", "aquí todos te desprecian", "al primo de un amigo le pegaron en el metro". Porque no es verdad. Cuando caminas por la calle, puede ocurrir que algún imbécil te diga sudaca, y ese tipo será vetado por la gente. Pero en Venezuela si caminas por la calle te pueden robar, secuestrar, matar y, si te va bien, insultarte por cómo estás vestido, sin necesidad de ser extranjero, y todos quedan impunes, así que sinceramente, háganse un favor y revisen ese nacionalismo que decanta en mediocridad. Hablan de los skinheads (un sólo caso grabado en el metro de Madrid) como si fueran todos los españoles, pero de la delincuencia del país como si fueran otros, sin darse cuenta que la sociedad primitiva a la que hemos llegado ha sido configurada desde el primer momento que decidimos imponernos en nuestros países caribeños de militares y curas.

Concluyendo, creo que no debemos cerrarnos a la cultura ni tampoco por eso prostituir la nuestra. Son dos cosas diferentes que pueden convivir. Seguramente los venezolanos en el exterior no estemos sujetos a la misma cultura porque la hemos enriquecido con la de otro país y, cualidad de emigrante, apreciamos mucho más la nuestra. Lo importante es apreciarla sin querer imponerla ni en otro ni en nosotros mismos. La cultura es un proceso de transmisión contextual, nunca de imposición.


Giulio Vita
@elreytuqueque


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