Los que no votamos también somos ciudadanos.


(foto tomada en las marchas estudiantiles de 2007)


En Venezuela, muy pronto se celebrarán elecciones presidenciales y la campaña electoral, a medida que pasan los días, agudiza el contraste partidista que se vive en el país, ayudado por el fanatismo popular que tanta fama nos ha dado a los latinoamericanos.


No me interesa repetir por qué no quiero votar en Capriles ni mucho menos por qué no lo haré por Chávez. He dicho todo lo que había que decir en este blog y en los debates varios en la red. Lo que me lleva a reabrir el tema de las elecciones venezolanas es la cantidad de mensajes en contra de los abstencionistas; mensajes que empezaron siendo un llamado de atención para hacer conocer la importancia del voto a aquellos indecisos o desinteresados por política, y que luego se ha deformado a una especie de ataque personal o insecticida, derivando el discurso a puntos tan extremos y ridículos que han comparado, a nosotros los que hemos decidido no votar, peores que los secuestradores o los asesinos y, por supuesto, peores que los chavistas. En este último caso, insultando tanto a aquellos que creen en este proceso y a nosotros, los que no creemos en el de ellos ni en éste. Es decir, lo de votar se ha vuelto otra maña que deriva a la exclusión, yendo contra todo tipo de democracia básica, y no se dan cuenta que es precisamente allí, en esos tipos de comportamientos incívicos y populistas, donde nuestra sociedad decae.




Los venezolanos son cómodos y olvidan demasiado fácil. En el país al norte del sur nada se construye pensando en la eternidad sino en el bienestar inmediato. Eso es porque los individuos de nuestra sociedad no conciben la vida en sociedad, sólo viven en burbujas, separados por paredes o rejas, detrás del lujo momentáneo y apuntando el dedo contra quien caiga. Ayer nos decían que teníamos que abstenernos y que si votabas le dabas el voto a los chavistas y eras un vendepatria. Hoy la piedra es contra quienes no quieren votar, sin importar la razón que tengan, porque en nuestro equivocado concepto de la democracia, el debate no existe, primero está el prejuicio y nunca ponernos en los zapatos del otro. ¿Desde cuándo el voto te da la superioridad moral para irrespetar la posición del otro? ¿De verdad has hecho tanto por tu país porque te tiñes el dedo de morado y lo pones en Twitter? ¿Y el resto del año qué?

El día en que mis amigos opositores me abandonaron al primer disparo de la PM en las marchas de 2007, aun cuando los llamé para que vinieran a sacarme de la Guarnición del Batallón Ayacucho (porque la misma policía estaba preocupada de mi destino si nadie veía que me dejarían allí), ese mismo día en que mi primo chavista prefirió no salvarme de los milicos por lealtad a su fortuna hecha en el gobierno, ese mismo día, me dije que no valía la pena. 




Pero no me fui. Seguí porque también conocí gente muy buena, con sus vicios, pero de buen espíritu. Tristemente, una serie de hechos terribles me hicieron tomar un avión lejos de Venezuela y gracias a internet seguir todo lo que ocurre y buscar formas para ayudar, así sea de lejos. Porque ayudar a un país no es cambiar un presidente ni echar un voto en la urna. Esas son cosas buenas pero no definitivas. Un país se cambia promoviendo la cultura, mejorando nosotros mismos en la manera en cómo actuamos como personas con los demás y en solitario; en la forma en cómo debatimos y aceptamos ideas que no nos gustan, defendiendo nuestras ideas sin caer en el insulto ni perder la cordura, ni tampoco caer, como han hecho los dos candidatos actuales a la presidencia, en el populismo barato y la teatralidad.

No se trata de darle like a algo, de decir que te gusta lo nacional. Se trata de exigir excelencia donde sea que vayas. No es antipatriótico si te parece que lo que estamos haciendo es una mierda, siempre y cuando argumentes tus críticas, pues las opiniones tienen el problema de que todos pueden tener una.

Celebro que haya elecciones pues si queremos vivir en una democracia, ha de ser así. También celebro el llamado a votar masivo por parte de todos los bandos porque creo que el vagueo intelectual es tan malo como usar el voto como farándula. No creo en aquellos que no votan porque no les da la gana o que no les interesa lo que ocurre en el país, pues, la política debe preocuparnos a todos los ciudadanos y en función a lo que creemos correcto tomar decisiones, no por pereza ni mucho menos por amargura.

Sin embargo, ateniéndome a las reglas, invito a todos a ejercer su derecho a la democracia, votando por Chávez, por Capriles o no votando, porque también esa es una forma de participar, y no te sientas culpable, amigo abstencionista, mucho más culpable te sentirás si, como yo, hubieses votado por el payaso de Rosales, o por decir a viva voz por quién vas a votar, olvidando que el voto es un derecho que ha de celebrarse de forma secreta. No, no te sientas culpable de no querer participar en el circo. Los más cuerdos reaccionarán después de las elecciones y lo olvidarán todo rápidamente, gane quien gane, y los otros encontrarán a otro grupo para odiar porque no olvides que no es el Presidente quien nos ha separado como sociedad. Él no es más que el reflejo vivo de aquello que somos. Si quieres que cambien las cosas, haz algo que realmente edifique, no le dejes todo el trabajo a una persona ni mucho menos a un voto pues, el voto elige una persona para representarnos. Si nuestro comportamiento sigue siendo igual, aunque la persona cambie la representación será igual.


Yo soy venezolano y también soy italiano, he nacido en Italia, he crecido en Venezuela y he vivido en España. He sido feliz en muchos lugares del mundo y con muchas personas, y lo sigo siendo. Al igual que me importaba un bledo las exclusiones de Chávez de quién era venezolano y quién no, me importan un bledo estas nuevas exclusiones. No me afectan pero me preocupan, por aquello de que el chavismo no es una manera de hacer gobierno actual sino una respuesta demasiado elocuente del venezolano actual.
Es triste estar lejos de la tierra y mucho más triste no saber dónde está la tierra ni qué es la tierra. El complejo del emigrante, en esta esquizofrenia patriótica, es duro pero no por no querer ser parte de un juego, uno no valga. ¡Todo lo contrario!

Valiamo, eccome!

Giulio Vita
@elreytuqueque

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