Nuovo Cinema Amantea


Este último mes no he podido ocuparme del blog porque empecé, desde el 1 de agosto, un proyecto que cada día crece más y me llena de alegría. He vuelto al pueblo de mi abuelo, Amantea, por causa de la crisis económica y hastiado de sacrificar la cultura por las malas decisiones de los políticos, y sobre todo harto de vivir una vida peor de la que quiero sólo porque algunos especuladores han decidido arruinar el mundo. Así que, como protesta, he decidido llevar adelante la cultura en un lugar remoto, este pueblo, donde hace muchos años había cines al aire libre y en teatro, pero ahora han cerrado todos, dejando a sus ciudadanos huérfanos del séptimo arte. 


Con todos estos hechos en las manos, la única solución posible y lógica era la de crear un festival de cortometrajes para devolver el cine al pueblo y el pueblo al cine, sin dejar de lado  las delicias de esta región, sobre todo a nivel gastronómico, y así me he puesto a trabajar para sacar adelante la primera edición de La Guarimba International Film Festival, un evento que durará dos días en agosto 2013 y los asistentes podrán ver cortometrajes de todos los rincones del mundo, comer productos típicos de Calabria, beber vino, cerveza o refrescos, mirar la historia del cine proyectándose durante la tarde en una carpa que instalaremos en el lugar, además de muchas otras sorpresas.


Es muy difícil dedicarle tiempo a algo tan grande como lo que quiero convertir en La Guarimba, mas, gracias a este trabajo, he conocido gente que se ha sumado al equipo con esfuerzo y buena voluntad, además de historias maravillosas sobre los inicios del cine en el pueblo. Toda esta parte, la de la emigración amanteana, ha sido un descubrir una parte de la humanidad y el invento del cine, una relación hermosa y plagada de magia que me hace entender por qué existen tantos contrarios a la idea de llevar el cine a las pantallas de los portátiles, pues, por un lado está muy bien que las películas se puedan ver donde sea, mas, la idea del cine, aquella de la gran pantalla, es una experiencia que trasciende a la película, y tiene que ver con nuestro síntoma de ser gregarios, de necesitar ser parte de la manada, de algo enorme, como cuando Moisés abrió los mares en Los Diez Mandamientos (recuerdo Aldo Sicoli), y no era sólo la emoción de ver esa escena espectacular, sino de percibirla con todos, ser parte de esa energía de la emoción conjunta, de mil personas aguantando el aliento al mismo tiempo. Eso es el cine. Lo demás son películas. Todo válido, claro está. Por eso no hice una distribuidora online, aunque soy usuario de algunas, porque mi idea no es hacer un negocio donde lucrarme y punto. Mi idea es trabajar de algo que me apasiona y aportar algo en ese proceso. Mi idea de ese aporte es devolver esas emociones que sólo el grupo te puede dar, el grupo y una pantalla decentemente grande, eso sí.

En este viaje he estado reviviendo Nuovo Cinema Paradiso, de Tornatore, película capital de la evolución del cine, y que ahora entiendo mucho más al encontrarme con los personajes, cada uno de ellos y otros más, vivos y elocuentes, recordando esa gloria pasada y lo que significaba el rito de ir al cine.
Lo bueno de vivir en un pueblo pequeño (y quizás también lo malo) es que es fácil conocer a todos y llegarle a alguien, por lo que no fue difícil conseguir quien nos abriera el antiguo cine del centro de Amantea, cerrado en 1991 y nunca más utilizado ni modificado, cual momia-recordatorio, reliquia llena de polvo, y fue una experiencia que hizo vibrar, de alguna forma, hizo entender muchas cosas de las que me hablaban. Estaba todo allí: las paredes verdes, las butacas de plástico, el mostrador con los carteles de los precios y las reglas del cine, el tablón que anunciaba el primer y el segundo tiempo y, por supuesto, el intermedio. Estaba el área del balcón, la pantalla blanca, limpísima, hermosa, gigante, y la pequeña cabina. 

Después subimos a la vieja torre del proyector, donde pudimos encontrarnos con la máquina, robusta y reluciente, como si fuera la primera vez que veía a un ser humano, escondida entre carteles de viejas películas, algunas obras maestras y otras pornográficas, prueba viva de la decadencia que vivió la proyección de ilusiones.
La dueña del cine, una anciana moribunda, obligó a sus herederos a no tocar ni una pieza original del edificio, ya que los mejores once años de su vida fueron junto a su marido allí, y quiere morir sabiendo que todo se mantuvo igual, en una suerte de última fidelidad y aclaración de cuentas. Es una lástima que un gesto así, que proviene del amor, tenga como consecuencia el cese de una actividad tan linda como la del cine, pero no soy yo quien puede juzgar la rareza del corazón humano.

Mientras tanto pudimos verlo y pasear por él, y sentir lo que pudo haber sido asistir cada noche allí, con los amigos o con alguna muchacha, para intentar besarla en la oscuridad o por lo menos agarrarle la mano. Pudimos sentir toda la magia porque sigue allí contenida, flotando con las partículas de polvo, esperando que vuelva a sonar el motor del proyector y que de alguna lata aparezcan unos metros de película, no importa cuál, para volver a invitar a la gente del pueblo a su cita de siempre, para juntarlos, para hacerlos parte de algo y curar los odios, mejorar los amores, compartir las lágrimas y las carcajadas, porque de eso se trata el cine y es esto lo que he venido a hacer.

Algunos muchachos o viejos no creen posible una idea así, les parece demasiado ambiciosa, demasiado todo, y son estas actitudes las que no dejan progresar. Todo cambio de paradigma en la sociedad ocurre por varias circunstancias, mas la más importante es la de la toma de decisiones y la consecuencia con éstas. No es posible un cambio por parte de alguien que no cree posible un cambio. La fe, de cualquier tipo (religiosa, humanista, estupidez pura) es un motor que nos permite, cuando se une a la razón, llegar a objetivos impensables en un principio. Mi convicción es ésta y voy a luchar en esta aventura.

Por suerte, la recepción ha sido muy buena y todos, de alguna u otra forma, quieren ayudar en este proyecto y hacer realidad lo que ahora parece un sueño absurdo, pero como todas las cosas buenas de la vida, requiere de mucho trabajo y sentido común, de no cansarse ni dejarse vencer cuando vienen los momentos oscuros, y es esto lo que estoy haciendo ahora, alimentándome de la bondad y usando el combustible de esta sed que se siente, esta sed por cultura, esta sed porque ocurra algo, lo que sea, así sea una cosa de dos días, qué sé yo, un festival de cortometrajes, por ejemplo, o Moisés abriendo el mar para salvar a su pueblo y dejar que el océano se trague el oscurantismo y tachemos el pensamiento absurdo de creer que las cosas no pueden mejorar.





Giulio Vita



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