Feminismo occidental, machismo oriental o viceversa.

(ilustración de Sara Fratini)


Desde hace un buen tiempo he querido escribir sobre el feminismo occidental y sus incidencias en Oriente, así como el machismo oriental y sus polémicas en occidente. He intentado ordenar un poco las ideas que tengo sobre el tema pues creo que merece la pena analizarlo sobre todo en estos momentos de crisis entre el mundo árabe y Occidente. He decidido escribir por fin el bendito artículo a raíz de otra de las hazañas de Yael, la autora del famoso blog Acapulco 70, y así responder a su post "Mundo enfermo y triste"en el cual explica lo difícil que es ser mujer en estos días a través de un "experimento" en las redes sociales.


Conocí a Yael por un artículo muy bonito que hizo hace tiempo en el cual explicaba por qué había hecho el blog, el cual todavía recuerdo cuando siento que de nada sirve trabajar por la cultura. Imagino que en el camino de ella ocurrió lo que siempre pasa: la salida fácil y decidió ser parte del espectáculo, estudiando muy bien todo, eso sí, porque hoy día, nuestra generación "enferma y triste" está especializada en marketing hasta para escribir en un blog, así que Yael, ni corta ni perezosa, se puso al día con las redes sociales y siguió paso a paso los consejos de algún libro o de otro blogger y convirtió su blog en circo. Todo lo que encontrarán en este blog es polémica por polémica, así como en su cuenta de Twitter. Tanto es así que su experimento se basa en eso. Pero la cosa que realmente me molesta y me desmoraliza es que en todos los artículos publicados en Acapulco 70 si no aparece una imagen polémica, aparece ella misma semidesnuda, vendiéndose. Tal es el absurdo que en su último artículo habla de lo mal que es ser mujer y lo presenta con una imagen de ella dejándonos ver gran parte de sus pechos.

La sociedad venezolana es machista, desde las mujeres hasta los perros. Es cierto. El problema es precisamente que las mujeres quieren eso para ellas. Si tenemos un negocio de misses es porque nuestras mujeres quieren serlo, porque nos inculcan para eso, así como para operarse o salir semidesnudas. Los avances que ha hecho occidente en libertad y derechos humanos los ha pagado con la pérdida del erotismo, con la falta del pudor necesario para la seducción, ha decantado, en vez de libertad por la vida, a libertinaje por crear polémica. 
No creo que los musulmanes radicales estén en lo correcto pero todo depende de si la mujer lo quiere o no, a pesar de que parezca arriesgado afirmarlo, ellos podrían decir que nuestras mujeres no pueden querer ser utilizadas así y no es más que manipulación de nuestro sistema. A mí, como occidental, me cansa ver en un anuncio de helado, una mujer aludiendo a una felación, y no soy yo que estoy enfermo, es la publicidad que muestra sólo sexo y celebridades. La misma Yael, con un proyecto que había iniciado de forma tan bonita, se prostituye a la mercadotecnia de las redes sociales, y lo hace porque ella quiere, nadie la ataca. Ella busca polémica por sus derechos como mujeres infringiéndolos. 

"Ser mujer tiene desventajas claras, se te recuerda cuál es tu lugar en el mundo constantemente y de forma agresiva" dice Acapulco 70, y yo respondo que es ella, en su caso, la que está recordando a los hombres y mujeres machistas que una mujer tiene que mostrarse para vender. Y no, no es difícil para una mujer en occidente. Al menos no para una como Yael (por algo puede ahora vivir de lo que hace, cosa que un hombre difícilmente podría con sus métodos). 
Una mujer occidental sólo tiene que prestarse a la prostitución mediática y de allí hacer una carrera. No porque los hombres malos lo piensen así sino porque las mujeres han asumido esta terrible faceta occidental, en vez de arriesgarse a asumir responsabilidades. Hay maravillosas artistas, escritoras, escultoras, pintoras, directoras de cine, que no han tenido que mostrar su foto a los medios para poder encontrar un público. Justo hoy estaba viendo una maravillosa película de Agnès Varda, la persona clave en la creación de la Nouvelle Vague, una mujer que buscó siempre ser una realizadora antes que una mujer, porque los artistas, hombres o mujeres, no necesitan abogar por su sexo, su nacionalidad, su raza ni por su religión. Tienen que ayudarnos a entendernos buscando dentro de sí mismos, sin esa horrible superficialidad que vivimos hoy en día, y así ser parte de la solución que cambia los paradigmas.

No veo más libre a Marilyn Monroe que a la niña afgana que fotografió McCurry, no veo peor que unos extremistas quieran obligar a sus hijas usar el burka y otros liberales le paguen una operación de senos a sus hijas. Estoy en completo desacuerdo con cualquier agravio, con cualquier ismo, en realidad, y por eso estoy tan harto del rumbo cada vez menos pudoroso de nuestra sociedad que poco tiene que ver con libertad sino con pornografía a todo nivel. Y no, no soy un machista ni tengo nada en contra de Yael. Es más: cuando la hackearon comencé a seguirla para darle mi apoyo porque me molesta cualquier infracción a la libertad pero le respondo así porque noté en su primer artículo una necesidad mucho más importante que la fama. En todo caso, admiro mucho su disposición y su esfuerzo para trabajar por un blog, me parece triste la línea editorial de éste, sobre todo por la hipocresía. Y aclaro: si fuese un hombre poniendo fotos de sus bíceps en un artículo que va en contra de la superficialidad o cualquier otro tema que no tenga nada que ver con su cuerpo, tendría mi misma respuesta. 

No conozco demasiado la cultura árabe. Tengo un tío kurdo que me ha explicado ciertas cosas pero sobre todo a comprender cómo comprender las otras culturas y he llegado a la conclusión de que el primer paso es hacer un examen de conciencia en la nuestra. Son éstos tiempos de desespero no por oscurantismo sino por una libertad que nos ha cegado y borrado la línea necesaria de lo moral y lo ético, en todo aspecto, en todo ámbito. 

Soy occidental, vengo de una cultura europea, me crié en Venezuela con padres italianos y tuve la oportunidad de ser voluntario para los refugiados de la guerra en Libia, encontrando a musulmanes, cristianos africanos y ateos, tengo amigos judíos, amigas feministas con las que he tenido largas conversaciones y no me identifico con ningún radicalismo pero cada vez siento más náuseas por este occidente espectacular que nos venden, lleno de contraportadas.

Giulio Vita

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