La cárcel de nuestro esnobismo.



A finales de los años sesenta, en plena revolución, Godard abogaba por un arte comprometida con el pueblo y demonizaba el hecho de que fueran los burgueses, en lenguaje de burgueses, quienes creaban, y que era imposible hablar de revolución del medio cuando éste estaba dirigido sólo a un tipo de público. El cine se había vuelto intelectual y no más una feria de fantasías para el proletariado. Ocurre así casi siempre con el arte y Godard, sumergiéndose en lo que él era contrario, utilizó al cine para desarrollar tesis hasta el día de hoy. Es normal que los intelectuales de izquierda busquen acercarse al pueblo y no siempre lo consigan pero cuando las intenciones son verdaderas, logran perdurar y encontrar obras sinceras y sin pretensión, que sirven para documentar nuestra historia, explicarnos entre los Hombres y unirnos como colectivo para así crearnos una idea de lo que definiremos nuestra cultura.


Venezuela, paraíso del esnobismo, encontró en las nuevas tecnologías un avance veloz en la superficialidad y crea, año tras año, en medio de una revolución socialista, personajes mediáticos de la burguesía, avalados por el mass media y, sobre todo, por un público de clase media-alta cuyo nivel educativo está muy por debajo de la media, gente que lee libros para decir que los leyó, escucha las canciones de la radio porque el periodista famoso de turno se los dice. El arte, a diferencia de los años de Simón Díaz o los de Alí Primera ha sido robada por los ricos para los ricos, niños bien peinados que buscan a toda costa la atención para vender sus discos, llenar conciertos, vender cuadros, tener público en YouTube o en las salas de cine; olvidando que la música, la pintura, el cine y demás artes son nada más que un medio de la humanidad para buscar y no un fin. El arte por el arte es una traición que en sociedades como la venezolana, de alto desnivel social, muestra toda su mezquindad hacia los otros seres humanos.

Me puse a pensar en esto al ver en Twitter que Famasloop -una agrupación venezolana muy de moda estos días que encabeza unos medios que viven de la polémica barata para caraqueños del este como El Chigüire Bipolar y bandas no menos originales como ViniloVersus, Rawayana, Los Mesoneros, etc.- hacía Trending Topic su nuevo videoclip "Más cerquita", que cuenta, entre otras cosas, con Marcel Rasquín, director pop del momento porque hizo una película normal (una especie de "Rudo y Cursi" criolla sin el humor, el desenfado ni los actores que usó Cuarón).
Soy un amante de las nuevas tecnologías en la medida en que las utilizamos para algo que ayude a la colectividad y Twitter me apasiona por su capacidad de convocatoria. Así que me pregunté: ¿en un país donde hay una guerra civil no declarada (fíjense en las cifras de mortalidad) y recientemente Hugo Chávez volvió a ganar un período presidencial lo más importante es un videoclip? Sobre todo teniendo en cuenta que es un videoclip de lo más normal y predecible, con todos los ingredientes, claro está, para "provocar" y "crear polémica" (han puesto en el título "versión sin pezones y otra con pezones" porque así de impresionables son los niños de papi que se creen vanguardistas, todo por unas tetas): desnudos (no demasiado, sólo tetas porque somos, al fin y al cabo, muy decentes), escenas de sexo (tampoco muy explícitas), ambigüedad (porque somos "cool") y detrás una campaña en los medios gigantesca, que me sorprende y me entristece. Claro que también está ese criollismo nuestro de la pólvora, eso de que si a uno le gusta, a otro le gusta más, aunque no nos importe realmente pues, este videoclip será olvidado, como las elecciones del 7 de octubre, de las cuales todos hablan cada vez menos, pues así somos, olvidadizos y público de un espectáculo, sólo que los acomodados, los niños de papá y mamá, decidimos cambiar la telenovela por el YouTube, la radio por el Twitter, sólo para entretenernos; no se nos ocurriría usar esta red social como lo han hecho en Siria o en Egipto, porque somos demasiado cómodos y el juguetito nos sirve para divertirnos, no para comprometernos.

Somos un país sin cultura y esto no lo digo como una opinión sino señalando una de nuestras grietas porque me gustaría que la reparásemos entre todos. En la Venezuela de ahora todo es un refrito y uno bastante malo, cualquier canción de ahora es una copia, cualquier película, cualquier comercial, cualquier monólogo, cualquier chiste, cualquier discurso político, es tanto así que nuestro Presidente, de tanto copiar de aquí y allá, no sabe si es socialista, fascista, dictador, comunista, liberal o simplemente estrella circense.
Decir que las cosas están mal no es menosprecio sino todo lo contrario. La cultura no existe cuando no se socializa. No importa lo mucho que leamos, que nos intruyamos, que aprendamos, si no lo transmitimos y es por ello que son necesarias las instituciones como los Museos, las Bibliotecas, los Teatros, pues ellas albergan y protegen nuestro patrimonio cultural, haciendo selección, claro está, de aquello que crean necesario para la posteridad a estas efusiones momentáneas de nuestro tiempo a toda prisa y poco cerebro. Aquellos artistas criollos que, en cambio, sí tienen algo que decir (que los hay), les queda la titánica tarea de aguantar y seguir creando para salvar el presente en el futuro pues ahora está perdido, pero con suerte las próximas generaciones, gracias a gentes como estos pocos, crecerán en sus corazones la duda, elemento indispensable para crecer, y con ella encontrarán sus obras, puestas en el olvido, para alimentarles el alma de humanidad, haciéndonos un pueblo más libre de la cárcel de nuestro esnobismo.

Giulio Vita

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