Capriles gana, Chávez gana, perdemos todos.



Sigo sin estar seguro de la enfermedad de Hugo Chávez. De lo que estoy seguro es del uso político que le ha dado. A una semana de las elecciones, por ejemplo, apareció en cadena nacional muy conmovido por la terrible noticia de que debía volver a la sala de operaciones y dejaría, así de grave era, a cargo de todo a su perro Nicolás Maduro, un antiguo conductor de autobuses que fue escalando posiciones durante el chavismo hasta llegar a ser Vicepresidente de la República.


El sucesor natural de Chávez, sin embargo, es otro, Diosdado Cabello. Me sorprendí muchísimo al no verlo nombrado en el discurso cursi del Presidente. Es el Hombre más joven y preparado del chavismo, de los pesos fuertes, es uno de los arquitectos fundamentales del proceso y sin embargo fue excluído. Al principio creí que ocurría en las filas del oficialismo algo como ocurrió en Cuba, o en la Unión Soviética, esos cortes a posibles egos, a posibles pérdidas de control y apertura. Pero luego me di cuenta que, aunque no descarto esa hipótesis, el chavismo estaba una vez más unos cuantos pasos adelante y ya había controlado la jugada de estas elecciones: con el sentimentalismo Chávez volvió a conectar con su pueblo y dio confianza a la oposición de que estaba moribundo por lo que estas elecciones no serían tan importantes; mucho antes había puesto la fecha de estas elecciones a inicio de las navidades, sabiendo que el nacionalismo del venezolano opositor medio tiene un límite y está en sus vacaciones navideñas; y me atrevo a plantear algo que me ronda la cabeza desde hace mucho tiempo: el trato con Capriles.

No es posible que un hombre que sirve de antagonista, sea tan publicitado, tan solicitado. Capriles ha sido la víctima del gobierno más beneficiada de todas. Desde siempre su carrera política asciende cuando ocurre un problema con el gobierno y cuando le va mal, igual sale bien, como ahora, que ha logrado mantener la Gobernación de Miranda, inteligentemente reeligiéndose en vez de dedicarse a hacer carrera a las elecciones presidenciales o dedicarse a otra cosa. El caso es que todo el guiso estaba preparado desde mucho antes, por ello no gastaron tanto dinero en este show y más bien hicieron que paseara solo, sin complicaciones ni escándalos, pues Chávez sabía que ahora tomarían con más fuerza a más estados, pero dejarían contenta a esa parte de la oposición más esquizofrénica.

Capriles no me gusta desde que empezó, en su campaña, a actuar como Chávez, y ahora, al reelegirse y atornillarse en Miranda, sin dejar respiro a nuevos políticos, se comporta igual que su contrincante, alejándose de la idea de democracia, aunque, sinceramente, es una idea que hemos tenido siempre equivocada en nuestro pequeño país caribeño, dando por entendida la democracia como un juego de contar quién tiene más votos y quién es más pasional. Sus seguidores, además, se comportan igual que los seguidores chavistas, irracionales, sentimentalistas y cerrados a toda crítica.

Se acercan años peores en Venezuela, muera o no el Presidente, y sobre todo se avecinan muchos más años de chavismo que, al fin y al cabo, es sólo otro nombre que no es muy distinto a las otras corrientes que pretenden mandar en el país. Una sociedad sin cultura está destinada al fracaso o lo que es peor: a la utilización de la democracia para que los civiles elijan una representación militar, como se ha hecho este día en todo el territorio nacional.

Giulio Vita

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