Debate criollo (o manual para debatir)



El artículo de ayer produjo por Twitter y por aquí una pelea de monos con cuchillo, en vez de un debate entre personas con ideas y argumentos. Mucha gente me contactó en privado para no verse envuelta en la violencia de algunas respuestas. Por ello y porque mucha gente contraria a lo que escribo pero respetuosa, me ha preguntado, he decidido desmenuzar mi punto de vista sobre la estructura social venezolana, poco a poco, y empezaré con este artículo sobre nuestra forma de debatir, que nos afecta desde el heladero hasta el Presidente de la República.



Uno de los grandes males que el chavismo transmitió a la sociedad fue uno de sus grandes bastiones: utilizar lo coloquial en la forma del discurso político y lo emocional en su contenido. Cada día soy más consciente de las consecuencias directas que trajo esto, no sólo los candidatos de oposición han empezado a utilizarlo como herramienta generadora de votos sino que todo tipo de debate, no necesariamente político, termina en los insultos porque siempre se intenta ir hacia lo personal, como bien hizo Chávez durante años. Puedo entender que Capriles, desesperado en plena campaña electoral y habiendo entendido cómo se hace política criolla, se remita a esta bajeza. Lo entiendo porque tiene un objetivo, el de ganar votos para entrar al gobierno con su plan. Es política maquiavélica pero no estoy tratando ese tema ahora.
Lo que me preocupa es el ciudadano, aquel ser sin aspiraciones políticas que de todas formas utiliza esta forma de debatir así sea para hablar de cuál es el mejor videojuego de la historia.

Creo en la libertad de expresión mas no en el libertinaje y estas son dos cosas que a menudo olvidamos, con esa necesidad de libertad (quizás por culpa de un gobierno represivo o, más bien, una sociedad represiva) muchas veces confundimos hasta dónde estamos siendo abusivos. Por eso mantengo los comentarios de este blog abiertos e intento responder a todos, sobre todo los que utilizan al insulto como un arma. Ahora bien, presentaré mi tesis sobre lo que considero un buen diálogo. En esta época donde está tan de moda la revolución, el cambio, las alternativas, yo propongo la revolución social basada en la recuperación del debate.

Me entristece cada vez que hay elecciones porque, por parte de la política, no hay debates sino Hombres hablándole a "su gente" solos e insultando al otro partido y partidarios insultándose entre ellos, por no hablar del infierno que se vive en las redes sociales donde quien piense distinto, es eliminado. Esto porque el debate no existe en Venezuela, "hay que hacerlo". Hay que ir a las plazas y debatir, no gritar en contra de lo que no nos gusta sino comprenderlo e intentar convivir con ello. Esto lo digo como una autocrítica y me les adelanto: sé que es fácil estar menos condicionado cuando no vives en el país, pero hay que intentar, a veces, analizar las cosas fuera del problema para entender nuestra posición y la de otro. Desde que me tranquilicé, he logrado reanudar el diálogo con amigos chavistas, ninís y (aunque menos) con opositores, y quiero aclarar que no digo que sea una tarea fácil, recordemos que estamos hablando de una revolución social.

Las reglas de un debate ideal, por lo menos para esta lagartija, serían: 1) tener dos posturas contrarias cuyas ideas estén argumentadas sin la utilización del sentimentalismo ni atacando en lo personal al otro y sobre todo, manteniéndose en el tema (Ejemplo: "AMO VENEZUELA ES EL MEJOR PAÍS DEL MUNDO Y TÚ NO DEBERÍAS VOLVER" no parece la mejor respuesta a "La estructura social venezolana está dañada" porque está utilizando un contenido que no tiene nada que ver con el argumento para conseguir aceptación a través del nacionalismo y la división). Es muy importante, para debatir, tener dos posturas contrarias, no es un debate si los dos están de acuerdo y sólo se dedican a utilizar sus ideas para disminuir la calidad de aquellos que no están presentes; 2) No pretender cambiar la postura del otro. Un debate no se trata de convencer y por ende, si tras el debate el otro sigue con su postura, no significa que no escucha. Si, efectivamente, se explican las razones de forma racional y escuchando al otro, no tiene por qué haber un cambio radical. Esto puede ocurrir si hay una manipulación en uno de los discursos. El objetivo de un debate no es aquel que la mala democracia nos ha enseñado, no es convencer al otro en ningún momento sino enriquecer nuestras ideas interactuando con otros puntos de vista. Si nuestro objetivo no es destruir al otro, estoy seguro que muchas posturas pueden cambiar con el tiempo, por lo menos las radicales, no de forma radical, claro está, pero en pequeñas cosas, enriqueciéndose mutuamente, los puntos de vista se amplían y en ese terreno saludable crecen las ideas positivas. Por ello quiero aclarar que una idea tiene que ser defendida a capa y espada mas no por esto se debe "hacer trampa" para "ganar" la discusión; 3) No juzgar. Con quien sea que debatas, no lo juzgues por sus ideas, su origen, su clase social ni por otra cosa. Si quieres que el otro te escuche, no lo insultes a él ni a sus ideas; 4) Respetar el debate. Un buen debate es una forma de cambiar una sociedad. Hablar con la gente, confrontar opuestos es un método para rehabilitar un valor perdido hace mucho tiempo y que es necesario para una democracia saludable.

Por ello a la gente que piensa que los que sólo escriben desde sus casas no están haciendo nada por el país, les respondo con un tajante "falso". Escribir, en cualquier plataforma con la intención de dar un granito de arena, por muy pequeño que sea, es muy positivo y fundamental, más que ganar votos para un candidato o para otro.

El debate es uno de los valores que necesitamos rescatar antes de iniciar cualquier gobierno. Ahora bien, si eres uno de esos lectores convencidos de que toda la culpa de la crisis criolla la tiene el actual gobierno y que en cuanto cambie, como un cuento de hadas, todo se solucionará, no puedo sino recomendarte que respires al país un poco más y comprendas que los tiempos felices de los años ochenta no volverán y que la única forma de solucionar las cosas es aprovechando esta ola chavista que nos hizo poner a flor de piel la materia de la que estábamos hechos como sociedad para navegar hacia una sociedad mejor que la Venezuela pre-Chávez y la de ahora, una sociedad que puede ser posible si empezamos por cambiar los valores de ésta sin juzgar al otro sino intentando comprender.

Yo creo en los cambios, para bien o para mal. Pero no creo en los cambios que llegan desde la política porque a menudo se hacen desde el interés o el resentimiento y eso es peligroso. Las catarsis siempre son buenas pero necesitan, en una estructura social, de individuos que las produzcan para el bien.

Giulio Vita
@elreytuqueque


El debate es importante y toda opinión cuenta. Puedes expresar la tuya en los comentarios.


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