Residencias Nadar: ¡Exprópiese!



Entre muchas cosas que puso de moda Chávez durante su mandato, relucen las expropiaciones, las cuales empezaron desde los primeros pasos del gobierno chavista, sin tanto bombo ni propagandizando el proyecto político que iniciaba sino como una de las tantas medidas para combatir la desigualdad social venezolana.


Quiero aclarar que la imagen de Hugo Chávez en medio de la calle apuntando con su dedo gordo los edificios de la ciudad y gritando "¡Exprópiese" me parece de las más grotescas que nos ha dejado la historia actual del país. Pero como en la vida y sobre todo en la política es muy peligroso ver todo blanco o todo negro, intentaré explicar mi posición sobre las expropiaciones, las cuales considero necesarias en una sociedad altamente dividida y cuyos bienes han estado siempre mal repartidos. Conozco muy bien la situación de las expropiaciones porque crecí en un edificio que luego fue expropiado por lo que pude ver los dos lados de la moneda, así que contaré mi versión de los hechos.

Soy de una familia de emigrantes. Fuimos a Caracas porque los padres de mi mamá vivían allí y el destino nos hizo llegar a un viejo edificio llamado Residencias Nadar, en la entrada de Las Minas de Baruta (aunque el dueño, para subirle valor a la propiedad, lo había registrado en Terrazas del Club Hípico). Era un apartamento de tres habitaciones y con una vista panorámica donde podías ver el barrio entero y un gran muro que lo dividía de las casas de buena familia del este. Éramos mamá, mi hermana y yo, y el sitio nos parecía maravilloso, después de haber estado viviendo con mis abuelos.

El dueño del edificio era un viejo italiano que había venido al país durante la primera ola de emigración y había trabajado con esfuerzo, día a día, para construir edificios en toda Caracas cuyos apartamentos alquilaba. Alrededor de 10 edificios. Sólo el nuestro contaba con poco menos de 200 apartamentos. El hombre venía todas las semanas a controlar que todo funcionase y muy amablemente saludaba a los vecinos y escuchaba sus problemas.

Todo pasó muy rápido. Llegó el chavismo y murió el dueño de los edificios. Chávez hizo una ley que congeló la subida injustificada de los alquileres (en Venezuela con o sin inflación los alquileres nunca han sido ecuánimes con el sueldo mínimo y por lo tanto es casi imposible acceder a un apartamento sobre todo siendo una mujer divorciada con dos hijos), por lo que a nosotros nos favoreció. La hija del dueño se casó con un tal Lorenzini y éste heredó todas las propiedades de su suegro, y enseguida comenzó a ponerle mano: quitó los árboles del edificio, puso candado en todos lados, puso reglas en los horarios que podíamos estar en los pasillos; muchas cosas que parecen muy bonitas pero que si no son aplicadas para el bien común, se convierten en no más que imposiciones sin otro resultado que el de temer al otro.

Un buen día a Lorenzini le pareció que no estaba ganando lo suficiente por lo que aumentó el alquiler de una forma desproporcionada. Muchos se lamentaron, incluyendo mamá, quien le explicó su situación pero él, desde su escritorio, sin quitar la vista de su computadora para mirarla, le dijo que era una lástima pero no había nada que hacer, que en el peor de los casos tendría que irse. Lo dijo muy tranquilo, como si echar a una familia que pagaba responsablemente era igual a pintar una pared o tirar los contenedores de basura. 
Todos mis amigos del edificio tenían situaciones familiares parecidas, unos más y otros menos. No éramos pobres pero no éramos ricos. Éramos la clase media-baja que quería llegar a ser la clase media-alta, y por eso los más grandes trabajan, otros estudiaban y la noticia de que Lorenzini hiciese lo que le diese la gana con un edificio que nos había visto crecer, nos jodía. Nos jodía tanto que no tuvimos ninguna misericordia cuando Barreto, en ese momento Alcalde de Caracas, decidió, por alguna denuncia de quién sabe quién o cuál, que el edificio Residencias Nadar, entre muchos otros, debía ser expropiado.

Las condiciones de la expropiación eran las siguientes: la Alcaldía enviaba un perito para que evaluase la propiedad y luego, con la evaluación del perito del propietario, se llegase a un acuerdo. La Alcaldía debía pagar al propietario y vender los apartamentos a los residentes descontando los contratos de alquiler pasados. Aquí hay que aclarar que la expropiación es una forma de compra-venta forzosa, donde el dueño muy pocas veces puede poner el precio que quiere pero que si el Estado no tiene fondos para pagarle, no es posible hacer la transacción y, en todo caso, el propietario puede ir a juicio si está en contra de la medida para demostrar que no tiene lugar, cosa que Lorenzini hizo, y así empezó un absurdo burocrático que duró años, donde nosotros, los residentes, teníamos que pagar al tribunal lo que pagábamos de alquiler, y el propietario hizo las mil y un cosas para hacernos pasarlo mal: cerrando el agua, cambiando las llaves del garaje y negándolas, no pagando la recogida de basura y así. Por supuesto que entiendo su mentalidad de capitalismo cochino, de no saciarse con nada y preferir destruir antes que dar, por supuesto que comprendo su sentido de la justicia "esto es mío porque lo heredé", pero por otro lado también entiendo a todas las familias que componían nuestra junta vecinal, que sólo querían un techo donde vivir y, considerando que Lorenzini tenía otros nueve edificios que había heredado sin mayor esfuerzo que el de casarse con la persona adecuada, les importaba un bledo las pataletas y las tonterías de este hombre que cuando tuvo el poder lo utilizó para  desmejorar nuestra calidad de vida en base a su avaricia.

Es cierto que cuando se supo de la expropiación, muchos apartamentos vacíos fueron invadidos por supuestos militantes chavistas y la situación estuvo tensa entre las juntas vecinales pero, dentro de todo, creo que nadie quería joder a nadie por desprecio sino que había familias que tenían una necesidad clara y veían en el edificio una casa que habían cuidado durante años.

Al final, la Alcaldía perdió el juicio porque no había fondos para todas las expropiaciones que habían decidido hacer, muchas de ellas desde lo pasional y sin ningún plan específico. Se dice que Barreto peleó con Chávez, se dice que llegaron a un extra-acuerdo, se dicen mil cosas pero la realidad queda que Lorenzini volvió a ser propietario con todas las de la ley y se hartó del país por lo que ahora está vendiendo todo a precios galácticos, claro está, pasándose por el culo los años de alquiler y aderezando todo con la venganza. Ahora los vecinos ya no se reúnen para hablar como grupo sino que hay propietarios y alquilados, y cuando se encuentran en los pasillos se saludan, pero en sus miradas ya hay algo diferente, un gusanillo raro que los separa.

Todo el proceso que viví como alquilado en el Residencias Nadar fue una metáfora de lo que ocurría en el país. Por un lado había un agente externo que intentaba imponernos un modelo, por otro lado estaba la vieja oligarquía que no quería perder su gallina de oro, y en el medio estaba una sociedad que debatía e intentaba resolver las cosas en el modo más razonable y ésta se dividía en sensatos, violentos  e insensibles. El amor por la colectividad, como todos los amores, no puede enseñarse con el puño sino con el ejemplo y la organización positiva. Lo que me da rabia de la victoria de Lorenzini, como la victoria del chavismo, es que no haya cabida para la tercera vía, para aquellos que no creemos en el comunismo pero tampoco queremos este capitalismo abrasivo. Me da rabia haber perdido la oportunidad de haber podido crear una sociedad más libre y más solidaria sin atropellos ni sangre. Me da rabia que los gusanos Lorenzini, tan parecidos a los Barreto, queden tan tranquilos e indemnizados por la Historia de aquello que consideramos Justicia y que se parece más a una cárcel, la cárcel de una Justicia hecha con valores injustos.

El proyecto del socialismo del siglo XXI concluye en un capitalismo tan salvaje que ha asesinado todas las reglas del mercado y sobre todo aquellas morales entre las personas, donde vale más el instante y lo propio que el bien para todos.

Giulio Vita
@elreytuqueque


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