La belleza estética y ética.



Ayer María Gabriela Isler hizo que Venezuela alcanzara la séptima corona del Miss Universo celebrado en Moscú, mientras en Caracas y por orden presidencial, se saqueaban los anaqueles de la tienda de electrodomésticos DAKA "castigada" por los sobreprecios que habían ido ejerciendo.


La opinión pública, promovida por la política del pan y circo, se dividió en partidismo y mientras unos defendían el saqueo y otros lo condenaban, todos estaban muy contentos de la victoria criolla en Rusia. El conjunto de valores de nuestros ciudadanos está dañado de una forma tan extraña que a veces me encuentro debatiendo con lo imposible; no sólo porque se creó una pelea entre ovejas que defendían lobos y leones, representados por los empresarios especuladores y el gobierno que incita a la violencia y a la ausencia de sistema judicial; sino porque muchos no comprendían cómo es que podemos ser testigos de un saqueo al mismo tiempo que ser coronados por belleza, y a mí, me parece que todo se conecta, todo tiene sentido. Todo parte de la escasez de valores. También la corona la hemos alcanzado gracias a eso.

La belleza, cuya objetividad sería especulativa, es una combinación de estética y de ética. Cuando una suprime a otra, se pierde el balance y ocurren atrocidades.

El concepto estético de la belleza en Venezuela ha sido violado muchas veces por el sentido ético, culpa de una visión machista de la economía, en la que todas las mujeres deben ser objetos de mero entretenimiento o de adorno. El triunfo de un capitalismo agresivo ha traído consecuencias desoladoras en la conciencia social del país, conformado por una población que vive en la superficialidad, al punto de dar más importancia a un par de senos que a la seguridad de una casa.
Por supuesto que todos debemos ser libres de elegir lo que queremos ser y transformar aquello que no nos gusta de la forma que nos guste. Es esencial para vivir en una sana democracia que los individuos, siempre respetando la libertad de los otros, puedan decidir. El problema es cuando esa capacidad de decisión está condicionada por agentes externos que sutil o agresivamente te llevan a tomar decisiones como ir al quirófano para ponerte implantes de silicona o votar por un partido en el que no crees. Esos agentes en Venezuela están representados por la presión social, en primer lugar, y detrás de esto la propaganda televisiva que impone en los rostros de la pantalla una idea de belleza que no representa lo que todos queremos sino un deseo implantado.

Como podemos ver en el video que ha hecho The New York Times, Osmel Sousa, un hombre que ha hecho de la banalidad un negocio, ideó un modelo de mujer que poco a poco ha ido imponiendo en el sueño colectivo; the venezuelan dream tiene prótesis y maquillaje. Lo ha hecho a través de uno de los eventos más vistos por los venezolanos: el Miss Venezuela, su casa de muñecas, donde ha reclutado cada vez más modelos que han ido al cirujano, "perfeccionando" defectos para deleitarse con sus creaciones. El problema nunca será el loco sino la sociedad que le da el timón. Es muy interesante que un hombre evidentemente homosexual nos imponga a los heterosexuales qué tipo de mujer nos debe gustar y que no sea una mujer la que dé consejos de belleza femenina. 

La visión de Sousa es misógina: su odio por las mujeres lo ha llevado a modificarlas a su antojo, creando inseguridad en aquellas que no cumplen su estándar de belleza y levantándose con autoridad para decirnos prepotentemente lo que es bello y lo que no, al punto de asegurar que "la belleza interna es algo creado por mujeres feas".

Las cifras de mujeres que se han hecho operaciones estéticas en Venezuela son alarmantes. Mujeres adictas al bisturí, mujeres obsesionadas con la idea de que no son lo suficientemente bellas, una sociedad entera desesperada por el complejo de inseguridad que en vez de aceptarse decide mutar una y otra vez, las veces que haga falta, hasta alcanzar ser aceptadas por la sociedad de consumo, donde el futuro siempre está en la esquina y los arreglos nunca están de más, para ser bella hay que sufrir y los que piensen lo contrario son perdedores sin dinero o sin valor.

Yo no creo que las venezolanas sean las mujeres más bellas del mundo pues considero esa afirmación chovinista. Aquellos que defienden esto como una Verdad utilizan el argumento del número de coronas de belleza. Este argumento es un buen ejemplo del pensamiento excluyente del país: si no te ves como aquellos maniquíes que sonríen y hacen el ridículo cuando se les pregunta algo para que todos lo veamos en YouTube o en el programa de moda, porque eso son nuestras misses: objetos decorativos que también nos entretienen con su ignorancia, cosa que promovemos como público morboso y victimario. 

En cambio, sí creo que muchas mujeres que son espectaculares, por vivir en Venezuela creen que necesitan operarse para ser más bellas. Creo que la mujer venezolana es sofocada por los caprichos de un "gurú" de la belleza y aquellas que no se sienten sofocadas, han sido bien adiestradas por años de cultura machista cuyo mejor herramienta ha sido la televisión llena de telenovelas escritas por hombres y casi siempre dirigidas a mujeres. 

Yo creo que, como ciudadanos responsables que no queremos esto para el país, debemos sentirnos violados cuando vemos maniquíes desproporcionados en las calles pues está cada vez más ganando una sola idea de belleza que ha decidido acaparar el debate y sobre todo enviamos un mensaje cada vez más violento a las niñas: tu objetivo es verte así, es tener eso, lo demás poco importa; y los niños, por su parte, crecen admirando ese modelo de maniquí, deseando casarse con una Miss, que esté operada y pida paz para toda la humanidad.

Giulio Vita
@elreytuqueque

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