Somos todos culpables, por supuesto, pero no merecemos esto.


No es verdad. Toda esa basura cobarde de que todo pueblo tiene lo que se merece, no es cierto. Claro que debemos enfrentar los problemas diferenciando a los responsables de los culpables pero no podemos decir que alguien merece el mal. Ese mismo discurso nos ha llevado hasta aquí, al país nadiesalevivodeaquí, este país donde ni siquiera lo que más nos enorgullece está seguro: el país más bello del mundo con las mujeres más bellas del mundo donde las avionetas para ir a las playas más bellas del mundo se caen y si te vas en automóvil, puede que te accidentes por el mal estado de las carreteras y antes de que llegue la grúa, vengan unos delincuentes y te asesinen a sangre fría junto a tu esposo y ante los ojos de tu hija de cinco años.

Somos todos culpables, por supuesto, pero no merecemos esto. No merecemos este grado de violencia, esta estadística del miedo. No podemos justificar con un pago el azote de la violencia. Debemos investigar las causas, abordarlas sin dobles discursos, enfrentar el problema del racismo, de la exclusión social, de la desigualdad, de la proliferación de armas, de la impunidad, de... de todo eso, tenemos que tomar todas las responsabilidades en el asunto y dejar de banalizarlo todo en una batalla política porque el problema es mucho más profundo y por eso mismo es tan grave.

En Venezuela no manda el chavismo ni la oposición, manda la delincuencia. Tampoco manda un delincuente en particular, identificable y removible, manda la delincuencia; el problema de la delincuencia como tal, representado por miles de niños, jóvenes y adultos llenos de armas y faltos de escrúpulos, seres humanos que atentan contra seres humanos y viven el día a día porque saben que su vida es efímera, un resultado inevitable tras políticas de exclusión que ocasionaron barrios y odios que difícilmente podrán resolverse pronto.

Queridos venezolanos, hay que diferenciar el amor de la neurosis. El mundo es muy grande y muy hermoso como para pensar que Venezuela es el mejor país del mundo. Nadie merece vivir con miedo, nadie merece vivir secuestrado, eso no es libertad ni mucho menos vida. Escapen y labren su vida, apréndanlo todo, háganlo todo, véanlo todo. En el mundo hay muchas playas, mucha comida, mucha belleza, mucha buena gente. No se encierren en una burbuja por defender lo indefendible. Sobre todo ustedes, jóvenes, vayan lejos a cumplir sus sueños, no envejezcan por los sueños mediocres y egoístas de otros. Hay una sociedad más libre allá afuera y sí, encontrarán problemas de todo tipo, pero estarán viviendo su propia vida y crecerán, y nunca será tan peligroso como nuestro país.

Amen a su país desde afuera, recuérdenlo con cariño, quítense los odios, si quieren, o no. Hagan fiestas criollas donde vayan. Estoy seguro que muchos los acogerán con mucha alegría. Quítense esos miedos sobre el racismo en contra de los venezolanos. Hay más racistas venezolanos contra los venezolanos que en el extranjero.

A mí también me duele mi país porque no creo que merezcamos haber vivido así pero siempre que quiero volver, así sea de visita, aparece una de estas noticias terribles y recuerdo que esta pesadilla se vive día a día y aparece hoy en los titulares porque la víctima es famosa. Yo no tengo el dinero ni tengo la capacidad para vivir preso con guardaespaldas, rejas y carros blindados. No tengo el tiempo, porque no soy eterno, de quedarme esperando que algo se solucione por sí solo. Sé que es muy duro y que no es fácil emigrar pero todo cambio necesita sacrificios y yo prefiero atender de un pueblito que ganar mucha plata con el miedo de morir todos los días.

Giulio Vita

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